Rocha
En el norte de Rocha, en Uruguay, el agua del río Cebollatí avanza silenciosa y espesa. Cuando alcanza niveles altos, borra los límites entre cañadas, caminos de tierra y pastizales. En localidades como Cebollatí, 18 de Julio, San Luis al Medio y Barra del Chuy, el terreno se extiende llano y continuo. La vista solo se detiene ante algún monte de coronillas o ante las siluetas del ganado, agrupado en las lomadas.
Gran parte de la escena depende del viento. Cuando sopla persistente desde el este o el sur, la Laguna Merín se frena, sube de nivel e impide que los ríos descarguen sus caudales. En el territorio llaman a este fenómeno “tapón eólico”. En cuestión de horas, el agua busca los bajos, anega los campos de pastoreo y deja a las personas aisladas del resto del departamento.
En 2023, el Cebollatí superó en cinco metros su nivel habitual y cubrió miles de hectáreas productivas. Hasta entonces, la respuesta pública llegaba cuando el agua ya estaba adentro: camiones del ejército que acudían con las viviendas inundadas, rescates en bote y productores que arreaban la hacienda contra reloj, en plena noche.
Esta vez, Rocha resolvió no esperar. Su Intendencia recorrió el territorio localidad por localidad, cruzó la cartografía técnica con la memoria de las juntas locales y ordenó la respuesta en un plan de diez pasos, con un protocolo para llevar la hacienda a zonas altas antes de que llegue el agua.

Un Niño de gran intensidad para una zona de campo
Ahora El Niño vuelve a poner a Uruguay en alerta, con pronósticos de gran intensidad. Según el Instituto Uruguayo de Meteorología (INUMET), los efectos se perciben primero en el norte, las lluvias más importantes llegarán a todo el país entre noviembre y diciembre y el fenómeno se prolongará hasta abril de 2027.
Una mesa de monitoreo agroclimático del Gobierno, integrada por el Ministerio de Ganadería, el INUMET y la Dirección Nacional de Aguas, estima con una certeza de entre 60 % y 80 % que el episodio será de fuerte a muy fuerte. El meteorólogo Mario Bidegain prevé evacuaciones repetidas hasta el otoño de 2027. “Las autoridades deberían estar preparadas para evacuar”, advirtió a EFE.
Las primeras señales ya se vieron. A fines de julio de 2026, un temporal en Salto afectó a más de 250 hogares y el Gobierno declaró la emergencia granjera. En agosto, las inundaciones dejaron en el país más de 1.700 personas desplazadas, 1.600 de ellas en Treinta y Tres, departamento que comparte con Rocha el curso del Cebollatí.
El agua también anegó campos del norte de Rocha, y los productores ganaderos reclamaron apoyo para sacar los animales. En octubre, el río Uruguay volvió a crecer. La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande previó hasta 12,20 metros en el puerto de Salto.

El presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Rafael Ferber, recordó que uno de los últimos episodios de esta magnitud, en 2015, restó más de un punto al PIB. Advirtió que el arroz sería uno de los sectores más golpeados. Rocha, con algo más de 80.000 habitantes, vive sobre todo de la cría vacuna y del arroz.
+COMUNIDAD conversó con Rodrigo García Pingaro, asesor de la Dirección de Ambiente y Cambio Climático de la Intendencia y magíster en Sostenibilidad Empresarial y Gestión Ambiental. Su planteo es que buena parte de la preparación se puede hacer con poco presupuesto. “Se está teniendo mucha preparación”, resume. “Basados en otros años, como el último Niño en 2023, la gente ya recuerda la gravedad de lo que fue”.

Una cuenca compartida con Brasil
La cuenca de la Laguna Merín es la más importante del departamento y se extiende hacia el estado brasileño de Rio Grande do Sul. “La mitad de la cuenca está del lado brasileño”, explica García Pingaro.
Por eso, el riesgo en el norte rochense depende tanto de las lluvias locales como de las que caen aguas arriba. En julio, Rio Grande do Sul sufrió las primeras inundaciones que la consultora Metsul vinculó con este El Niño. “Lo que llueva en la cuenca alta, tanto del lado uruguayo como del lado brasileño […], cuando las lluvias impactan y los vientos además operan en forma contraria, se forma una especie de tapón eólico donde la laguna crece en forma drástica”, detalla.
Uruguay y Brasil coordinan el manejo del agua en una Comisión Binacional de la Laguna Merín. Su comité de trabajo se reúne de forma extraordinaria cuando es necesario. Allí se define la operación del Canal San Gonzalo, que conecta la Laguna Merín con la Laguna de los Patos.
Según relata García Pingaro, la presidenta del INUMET, Madeleine Renom, participó de una reunión informativa con las máximas autoridades del departamento. Por ahora, las lluvias fuertes de El Niño se limitaron a algunas zonas del norte. Según los pronósticos que maneja la Intendencia, el pico llegaría en diciembre y el fenómeno se extendería hasta marzo.

Un diagnóstico que empieza en el territorio
El equipo de la Intendencia recorrió Cebollatí, 18 de Julio, San Luis al Medio y Barra del Chuy. Llevó mapas base de la Infraestructura de Datos Espaciales (IDE) y de la Dirección Nacional de Aguas (DINAGUA). En cada localidad se sentó con los secretarios de las juntas locales y aplicó un formulario para medir cuán preparada estaba la comunidad. La misma visita servía para capacitar a las autoridades locales, que muchas veces no reciben la información técnica de forma directa.
El objetivo era contrastar las curvas de nivel oficiales con la experiencia de los vecinos. Son ellos quienes saben qué alcantarilla colapsa primero y por qué cañada sube el agua. “La gente del lugar muchas veces conoce más que los diagnósticos hechos a un nivel más general”, explica García Pingaro. Con esa información se ubicaron en un mapa los puntos críticos de cada localidad y se cruzaron con los datos técnicos disponibles. “Esta es la clave, el anticiparnos para revisar caminos, puentes, drenajes, el tema de no quedar aislados”, agrega.
El relevamiento identificó los puntos vulnerables por crecida de bañados, arroyos y cañadas. “Las familias más perjudicadas quedaron mapeadas”, señala. Se trata de aproximadamente un tercio de la población de las cuatro localidades. “En conjunto son más de 4.000 habitantes entre estas cuatro localidades”, especifica.
Diez pasos, de la reacción a la anticipación
Con ese diagnóstico, la Intendencia organizó la preparación en un plan de diez pasos y dos fases.
Fase 1: diagnóstico y gobernanza local
- Identificar cinco riesgos prioritarios: inundación ribereña, colapso de drenajes urbanos, daños viales, aislamiento rural y riesgos sanitarios o productivos.
- Ubicar en el mapa los puntos críticos de cada localidad.
- Censar a la población vulnerable: personas mayores, con movilidad reducida y electrodependientes.
- Cruzar la información con los datos oficiales de DINAGUA e INUMET.
- Definir quién toma las decisiones, en coordinación con el Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (CECOED).
Fase 2: preparación comunitaria y respuesta
- Definir los canales por los que llega la alerta a cada familia.
- Limpiar de forma preventiva cunetas, cañadas y desagües.
- Elaborar protocolos de actuación simples para los hogares.
- Ensayar simulacros de evacuación hacia los refugios.
- Evaluar después de cada lluvia qué funcionó y qué falló.

Del hogar a la comunidad
El plan asigna tareas a cuatro niveles: el hogar, los productores, la comunidad organizada y el gobierno departamental.
En el hogar, cada familia debe tener un plan de contingencia. El protocolo indica cortar la llave general de luz de la vivienda de forma preventiva y tener listo un kit de emergencia para 72 horas. El kit incluye agua embotellada, medicación básica, linterna, documentos protegidos en bolsas herméticas y una radio a pilas, el único medio de comunicación confiable durante un corte de luz prolongado.
La comunidad arma redes vecinales de alerta por mensajería instantánea, organiza botiquines de primeros auxilios en lugares de referencia y acompaña a las personas con movilidad reducida. La Intendencia y el CECOED limpian alcantarillas, señalizan rutas de evacuación, acondicionan refugios con agua y alimentos y conducen el operativo de emergencia.

El ganado, a zonas altas antes del desborde
En un territorio ganadero, el segundo nivel es decisivo. Ante una alerta roja, el protocolo prioriza la vida humana y establece que la hacienda debe trasladarse a zonas altas entre 24 y 48 horas antes de que el agua cubra los campos. La medida busca evitar muertes por ahogamiento y enfermedades como el pietín y las parasitosis, que aparecen cuando los animales permanecen en el agua.
Para que haya adónde llevar el ganado, la Intendencia coordina con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) los permisos de pastoreo en la vía pública. El ministerio los otorga a pedido de cada productor. La resolución vigente habilita seis seccionales policiales de Rocha por 60 días desde el 21 de agosto de 2026.
Pedirle a un productor que mueva sus animales antes de ver el agua exige confianza. Según García Pingaro, en este caso la resistencia es baja. Los ganaderos “saben que si no mueven el ganado pueden tener grandes pérdidas por ahogamiento muchas veces, y muchas veces por la propagación de enfermedades como las zoonosis, que cuando hay inundaciones aumentan muchísimo”.

Merín Alerta, un piloto pensado para la última milla
Muchos gobiernos locales postergan la gestión del riesgo porque creen que requiere radares o software costosos. García Pingaro sostiene lo contrario: “Se pueden hacer muchas cosas; sobre todo en la preparación, que no requiera inversión”.
Merín Alerta es la herramienta que la Intendencia prueba para la cuenca. Según el diseño presentado, procesa datos públicos de INUMET y DINAGUA y los distribuye por celulares básicos y grupos vecinales. Todavía no está en pleno funcionamiento. “Se hizo como un ensayo para ver qué receptividad podría tener. Estamos todavía en las fases de prueba”, aclara. Será de acceso gratuito.
El desafío mayor está en la última milla: las zonas rurales donde un temporal corta la luz y no queda internet. Para esos casos, el plan apuesta a medios simples. “La radio es una manera de mantener, por lo menos, comunicación con el exterior”, explica García Pingaro. También recomienda una radio VHF a quien pueda adquirirla.

Lo que ya cambió y lo que todavía falla
El plan es reciente y su prueba real llegará con el pico de aumento de caudal y desbordes. Por ahora, el principal resultado es la velocidad de respuesta local. “Pudimos ver cómo los municipios se pusieron en las medidas preventivas con mayor celeridad”, afirma García Pingaro. Las localidades identificaron refugios para personas evacuadas y reunieron botiquines, agua potable y alimentos no perecederos. La alerta de INUMET llega a la zona con al menos 48 horas de anticipación.
La mayor dificultad tiene que ver con la conducta de las personas. “Lo que falla muchas veces es el poder asistir a personas que se niegan a salir de sus casas o se niegan a aceptar los protocolos de alerta temprana”, reconoce. Algunas familias desconfían de la advertencia o temen dejar sus bienes sin protección.
La Intendencia de Rocha ya definió con qué medirá el éxito después de diciembre. “Lo que esperamos ver es que no haya damnificados”, dice García Pingaro. La meta es evitar pérdidas humanas, daños a la salud y pérdidas en la producción ganadera.
Qué puede adaptar otra ciudad
Para García Pingaro, el punto de partida está al alcance de cualquier gobierno local. “El primer paso de un sistema de anticipación es el diagnóstico. Es decir, con qué se cuenta en el municipio, en la zona, en cuanto a la vulnerabilidad en relación a la amenaza”. Ese diagnóstico debe revisar si existe un sistema de alerta local, qué protocolos hay, si las zonas vulnerables están mapeadas y cuál es la capacidad de respuesta.
El caso de Rocha deja algunas condiciones para replicar la experiencia:
- Información nacional oficial confiable. El sistema depende de las alertas de INUMET y de los datos de DINAGUA.
- Conocimiento local. Las juntas locales y los vecinos aportan lo que los mapas no muestran.
- Protocolos simples y acuerdos previos. Los permisos para mover el ganado o los refugios se gestionan antes de la emergencia.
- Coordinación entre niveles. El hogar, la comunidad y el gobierno departamental tienen tareas definidas.
También tiene límites. Los resultados son, por ahora, de proceso y no de impacto. La herramienta digital está en prueba. El éxito depende de que las familias acepten evacuar a tiempo.
La preocupación inmediata es el verano. “Lo que nos preocupa es la combinación que puede ser drástica entre inundación y altas temperaturas”, advierte García Pingaro. Esa combinación favorece las zoonosis, otras enfermedades y la proliferación de algas tóxicas. Pero ve un cambio en el territorio. “Nos da esperanza el hecho de que la gente está tomando bastante conciencia, de que se está trabajando bastante también a nivel local”.
