Por Lorena García
Equipo técnico de Modernización,
Municipalidad de Roldán, Santa Fe, Argentina
El 7 de octubre de 2026, Roldán, Santa Fe, registró 94 milímetros de lluvia en una jornada, según la estación de Chipped, una empresa local de internet que la pone a disposición del municipio. Algunas calles acumularon agua, pero el drenaje fue rápido y los vecinos realizaron apenas cuatro reportes. Ninguno correspondió a inundaciones.
Para una ciudad donde el agua escurre lentamente, el resultado fue significativo. La Junta Municipal de Defensa Civil lo vincula con los trabajos de zanjeo y mantenimiento de los canales estructurales realizados durante los últimos años.
El episodio permitió observar los avances de una estrategia que combina obras, planificación de emergencias, coordinación de instituciones, monitoreo meteorológico y herramientas digitales para organizar las respuestas.
El desafío de una ciudad plana
Roldán se encuentra en el departamento San Lorenzo, provincia de Santa Fe, a unos 40 metros sobre el nivel del mar. Su territorio tiene escasa pendiente y está comprendido entre las cuencas de los arroyos San Lorenzo y Ludueña, que desembocan en el río Paraná.
Estas condiciones dificultan el escurrimiento del agua durante precipitaciones intensas. Las tormentas también derriban árboles y postes, cortan la energía y dañan viviendas. Los árboles caídos y las fallas de alumbrado son los reportes más frecuentes de los vecinos. Ante la perspectiva del fenómeno de El Niño, la ciudad reforzó su preparación frente a posibles lluvias superiores a la media, tormentas con vientos fuertes y granizo.

Entre 2024 y 2026, el municipio trabajó sobre dos componentes del sistema de drenaje. El primero es el microdrenaje, integrado por cunetas, acequias, sumideros, alcantarillas y badenes que permiten evacuar el agua de las calles.
El segundo es el macrodrenaje, conformado por los grandes canales que conducen los excedentes: San Lorenzo, Media Legua, Interconector y los ubicados sobre las calles Ibarlucea y Padre Oldani.
Las intervenciones incluyeron limpieza, conservación de las secciones de los canales, despeje de alcantarillas y puentes peatonales, zanjeo estratégico en dos sectores y rectificación del canal San Lorenzo.
La experiencia muestra la importancia de mantener toda la red. Una zanja obstruida puede comprometer el funcionamiento del sistema, incluso cuando los canales principales tienen capacidad para transportar el agua.

De las reuniones a un protocolo de emergencia
Hace cuatro años comenzaron las reuniones de coordinación en el cuartel de Bomberos, con participación de representantes municipales, Bomberos Voluntarios y empresas de servicios como la EPE.
En esos encuentros se definieron niveles de riesgo y alerta, responsabilidades y criterios de intervención. Posteriormente, la Ordenanza 1353/26 formalizó la Junta Municipal de Defensa Civil. Con la perspectiva de El Niño, las reuniones se intensificaron y se avanzó en los protocolos de actuación.
Uno de los primeros desafíos fue establecer dónde alojar a las familias evacuadas. Se identificaron tres clubes como centros de evacuación. Un inspector de Higiene y Seguridad evaluó su capacidad e instalaciones, y se firmaron acuerdos con las instituciones.
También se definieron puntos de encuentro barriales para situaciones de interrupción de energía o comunicaciones. En paralelo, se relevó la situación de geriátricos ubicados en zonas inundables, personas con discapacidad y vecinos que requieren asistencia especial.
Cada área municipal identificó sus recursos disponibles: vehículos, maquinaria, herramientas y generadores. El relevamiento se extendió a empresas y vecinos que podrían colaborar con tractores, embarcaciones u otros equipos. Esta información permitió detectar faltantes y priorizar posibles adquisiciones.
En los sectores más vulnerables se realizaron acciones de prevención sanitaria, relevamientos de vacunación y visitas domiciliarias para promover el cuidado de las zanjas. La instalación de contenedores y volquetes buscó evitar que los residuos obstruyan los desagües.
El proceso mostró que una emergencia exige acuerdos previos con instituciones, empresas y organizaciones comunitarias, además de la capacidad operativa del municipio.

Coordinar sobre un mismo mapa con GeoEmergencias
Para centralizar la información, el equipo de Modernización del municipio desarrolló GeoEmergencias, una plataforma digital propia que todavía está en proceso de evolución. Permite visualizar incidentes, alertas meteorológicas, zonas de riesgo y recursos disponibles.
Los reclamos recibidos por el Centro de Operaciones se incorporan periódicamente al sistema, que los geolocaliza y permite seguir su evolución desde pendientes hasta solucionados, con fotografías y registros de las intervenciones.
La plataforma reúne alertas del Servicio Meteorológico Nacional, radar meteorológico, mapas de calles anegadas, información territorial de personas con discapacidad y disponibilidad de vehículos, herramientas y generadores.
Se complementa con las más de 500 cámaras del Centro de Monitoreo, que permiten detectar dificultades en la circulación y situaciones de riesgo incluso antes de recibir un reporte ciudadano.
La centralización facilita evitar reclamos duplicados, priorizar incidentes y coordinar las intervenciones. Bomberos actúa ante riesgos para las personas, las viviendas, situaciones eléctricas peligrosas o calles bloqueadas que impiden acceder a una emergencia.

La importancia de anticiparse
La capacitación también forma parte de la estrategia. El 24 de agosto, el meteorólogo Óscar Monjelat brindó una formación sobre El Niño, tormentas severas e interpretación de información meteorológica. El 3 de septiembre se realizó otra charla abierta a la comunidad.
Uno de los principales aprendizajes fue aprovechar las posibilidades de alerta temprana. Según explicó, algunas tormentas que avanzan desde el oeste pueden tardar entre dos y tres horas en llegar desde localidades como Marcos Juárez, Venado Tuerto o Rafaela, según su velocidad y trayectoria.
Roldán utiliza información oficial del Servicio Meteorológico Nacional y datos de estaciones meteorológicas locales, como las de Monjelat y Chipped. Además, se instaló una cámara orientada hacia el cielo en el sector del cementerio para complementar la observación meteorológica.
Estas herramientas ayudan a interpretar las condiciones y anticipar decisiones operativas.
Resultados y aprendizajes de Roldán
El 7 de octubre regía la alerta naranja por tormentas. Se activó ese nivel del protocolo y el municipio difundió un aviso a los vecinos con recomendaciones y el teléfono del Centro de Operaciones Municipal (COM). Los cuatro reportes que ingresaron fueron dos por arbolado, uno por un poste de alumbrado que no era municipal y se derivó a la EPE, y uno por un pozo en la acera, peligroso porque, si se llenaba de agua, dejaba de verse.
Desde marzo de 2025, el sistema recibió 241 reportes ciudadanos. Entre las situaciones registradas aparecen 97 menciones de árboles caídos, 81 fallas de alumbrado, 63 inundaciones y 20 reportes de techos o chapas desprendidos. Algunas categorías pueden superponerse.
Durante agosto de 2025, dos episodios concentraron 52 reportes, principalmente por inundaciones. En contraste, la lluvia de 94 milímetros de octubre de 2026 no generó ninguno de esa categoría.

Aunque las condiciones de ambos eventos no son necesariamente equivalentes, el resultado de octubre ofrece una señal alentadora. Los reportes dependen de que los vecinos los realicen, por lo que no reflejan por sí solos todos los daños. Para medir con mayor precisión el impacto de las intervenciones será necesario comparar precipitaciones de características similares y mantener el registro de los incidentes.
La experiencia de Roldán deja tres aprendizajes: mantener de manera integrada los desagües barriales y los canales principales, definir responsabilidades institucionales antes de una emergencia y compartir información actualizada para coordinar recursos.
El trabajo continúa. Entre los desafíos están completar los relevamientos, sostener el mantenimiento de la infraestructura, fortalecer las capacitaciones, continuar el desarrollo de GeoEmergencias y evaluar cada evento para mejorar los protocolos.
La experiencia muestra que, aunque una ciudad no pueda evitar las tormentas, puede prepararse para reducir sus consecuencias mediante obras, organización y decisiones basadas en información.


