En agosto de 2025, el Boletín Ideas & Inspiración dedicó una edición a las políticas locales para jóvenes y adolescentes. En ese marco, +COMUNIDAD contó cómo se gestó el Plan Integral de Abordaje al Suicidio en Niñez y Adolescencia de San Miguel, un municipio de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. La iniciativa había creado un registro local propio y llevado la atención a los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS). Además, tejió una red de cuidado con escuelas y familias.
Un año después volvemos al tema. Acaba de terminar el Septiembre Amarillo, el mes de concientización sobre la prevención del suicidio, y el 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Son buenas fechas para revisar cómo avanza esta política, qué sostiene y qué desafíos enfrenta tres años después de su puesta en marcha.
Las cifras muestran la escala del problema. Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la tercera causa de muerte entre personas de 15 a 29 años en el mundo. En Argentina, el Sistema Nacional de Información Criminal registró 5.209 muertes por suicidio en 2025, con la tasa más alta desde el inicio de su serie, en 2016. Detrás de cada número hay una familia, un aula y un barrio. Y una pregunta para los gobiernos locales sobre su margen real de acción.
Para ver cómo responde San Miguel a esa pregunta, conversamos nuevamente con Mariano Bigliani, director de Salud Mental del municipio, y con Daniela Marin, psicóloga y coordinadora del plan.

Un plan que nació en las escuelas
El plan surgió de un pedido del sistema educativo. Hacia 2022, en foros con escuelas de San Miguel, docentes y directivos dijeron que no sabían qué hacer ante los casos y los pedidos de ayuda que aparecían. “Surge la necesidad de tener que hacer algo porque era algo grave a lo que no se le estaba dando respuesta”, recueda Bigliani.
La respuesta fue sacar la salud mental del consultorio. El equipo parte de una premisa: el suicidio no responde a una única causa. Cada adolescente tiene factores de riesgo y factores de protección en su familia, su escuela y su comunidad. Por eso, el plan suma a todos los actores que intervienen en su vida.
El primer paso fue capacitar a quienes podían detectar los casos. “Para poder derivar primero hay que ver”, resume Marin. Las dos primeras capacitaciones para docentes reunieron a unas 80 personas cada una. En los 15 días siguientes, las inspectoras escolares de la región acercaron una lista de 170 estudiantes con posible riesgo.
Pero Salud Mental no tenía 170 turnos disponibles. Junto con los equipos de orientación escolar, organizó un triaje, priorizó los casos más urgentes y monitoreó al resto hasta poder incorporarlos. Desde entonces, las capacitaciones llegaron también a organismos de protección de derechos, a la policía municipal y al personal de salud.

Salir a buscar los casos
La detección temprana sigue siendo el pilar del plan. El equipo recibe derivaciones de escuelas, organismos de protección de derechos, áreas de infancia y centros de salud. Además busca casos de forma activa. Una de sus fuentes es el listado de traslados del servicio municipal de emergencias hacia los hospitales.
Desde el inicio, la red acompañó a 260 niñas, niños y adolescentes. Hoy mantiene en seguimiento intersectorial a 106 adolescentes.
El indicador más sólido es el tiempo de respuesta. Según datos municipales, desde 2023, toda niña, niño o adolescente con conducta suicida derivado al programa obtiene un turno en el plazo de una semana. Si hay riesgo inminente, los hospitales municipales lo reciben aunque no cuenten con guardia de salud mental.
El cambio también acortó las internaciones. Antes, muchas se prolongaban más allá de la crisis porque conseguir un turno para el seguimiento ambulatorio era difícil. Ahora el turno está asegurado desde el ingreso. “Tampoco ningún chico internado demora su alta por falta de turnos en el ambulatorio, porque desde que ingresa, ya lo estamos esperando”, explican Bigliani y Marin. Para lograrlo hicieron falta acuerdos entre los distintos niveles de atención. También pesó la decisión del organismo local de protección de derechos de dar prioridad a esta población.


Cuando el tratamiento se interrumpe
En los últimos meses apareció un problema de adherencia. Según el equipo, casi la mitad de las niñas, niños y adolescentes de las redes de seguimiento no asiste a los tratamientos asignados. El programa tiene pendiente analizar ese dato a fondo.
Mientras tanto, la respuesta descansa en la propia red. Aunque el tratamiento se interrumpa, alguien sigue cerca de cada adolescente. Puede ser la escuela, la trabajadora social del centro de salud que lo visita en su casa o el servicio local de protección de derechos. Desde la Dirección de Salud Mental consideran que esa trama es el principal logro del plan. La prevención, sostienen, “no es responsabilidad exclusiva de los profesionales de salud mental, sino de la comunidad en su conjunto”.
La red también tiene límites. En lo que va de 2026, el equipo infantojuvenil, que hace el seguimiento de niños y adolecentes, registró una muerte por suicidio de una persona menor de 18 años en el municipio. “A veces estos cuidados no son suficientes”, reconocen.
Por eso, el equipo evita atribuir directamente al programa las variaciones en la mortalidad. En 2023, año en que empezó el plan, el registro municipal contó ocho suicidios de menores de 18 años residentes en San Miguel. En 2024 no se registró ninguno. En 2025 hubo seis, según los datos municipales. El equipo observa, además, una aparente tendencia a la baja desde 2023 y quiere seguirla con más cuidado. El programa todavía no tiene una evaluación de impacto que permita establecer una relación de causa y efecto. “Tendremos que seguir la vigilancia en el tiempo para poder sacar conclusiones”, señalan.

Talleres que abren conversaciones
La prevención comunitaria es el otro eje del plan. Desde mediados de 2023, el equipo realizó 370 encuentros de prevención del suicidio con más de 16.000 participantes. La mayoría fueron estudiantes de escuelas secundarias. 2026 ya es el año con más talleres.

Los talleres promueven una idea sencilla: un secreto que pone en riesgo a alguien no se guarda. El efecto suele ser inmediato. Al terminar muchos encuentros, algún participante se acerca a pedir ayuda para sí mismo, para una persona cercana o para un compañero que le preocupa. Muchos nunca antes habían contado lo que les pasaba.
El equipo notó además un contraste. Cuando preguntaba a los estudiantes con quién hablaban de lo que les pasaba, más de la mitad respondía “con nadie”. Durante el taller, esos mismos estudiantes mostraban una gran necesidad de contar sus vivencias. “Por ahí el no hablar, tenía que ver con la falta de espacios para ello”, reflexionan desde el equipo.
Estudiantes que diseñan la prevención
De ese contraste nació el concurso Jóvenes Líderes en Prevención del Suicidio. La idea es que el paso del equipo por cada escuela sea un punto de partida. Grupos de estudiantes, acompañados por docentes de su institución, diseñan sus propias iniciativas de promoción de la salud mental.
El enfoque responde a una convicción. “Cuando los adultos diseñan programas de salud mental para los jóvenes, sin escuchar a los jóvenes, corren el riesgo de proponer soluciones obsoletas o aburridas para ellos”, advierten Bigliani y Marin. Hay también una razón práctica: “un adolescente en crisis acudirá seguramente primero a un amigo antes que a un adulto”. Si los estudiantes aprenden a reconocer señales de alerta, la ayuda llega antes.
Los proyectos en marcha son diversos. Una escuela trabaja sobre los proyectos de vida de sus estudiantes. Organiza salidas a universidades, centros de formación laboral y espacios culturales y deportivos. También hizo un mapa de los espacios disponibles para jóvenes en el territorio y propuso relevar sus intereses para incorporarlos a la vida escolar.
Otra escuela creó un sitio web al que se entra con un código QR repartido por el edificio. Reúne información sobre salud mental, mitos frecuentes, líneas de ayuda y vías de acceso a profesionales del municipio. Tiene además una sección para pedir acompañamiento al equipo de orientación escolar. Otros grupos organizan talleres sobre expresión emocional, cuidado mutuo, estigmas y acceso a las redes de atención.

Las señales de alerta
Una persona en riesgo no siempre se ve triste. “La mayoría de los chicos que tienen conducta suicida sí lo dicen. Y si lo está diciendo, hay que escucharlo”, explican Marin. Según la especialista, conviene consultar ante:
- expresiones de desesperación o impotencia;
- la sensación de no ser importante para los adultos que los rodean;
- cambios repentinos en el estado de ánimo;
- aislamiento repentino;
- un discurso pesimista.
“Hay que poder actuar con tiempo”, resume.

Aprendizajes y transferibilidad
Tres años después, la experiencia de San Miguel deja algunas condiciones para otros gobiernos locales.
- Capacitar a quienes detectan. Docentes, organismos de protección de derechos, policía municipal y personal de salud son la primera línea. Formarlos fue lo que hizo visibles los casos.
- Articulación intersectorial estable. Educación, protección de derechos, áreas de infancia y los distintos niveles de salud comparten el seguimiento. Así, alguien acompaña aunque el tratamiento se interrumpa.
- Búsqueda activa de casos. Cruzar fuentes, como los traslados de emergencias, permite llegar a quienes no consultan por su cuenta.
- Plazos garantizados. Un turno en menos de una semana evita que la derivación se pierda. El turno ambulatorio asegurado permite internaciones más breves.
- Adolescentes como protagonistas. La prevención llega más lejos cuando los propios estudiantes diseñan las iniciativas.
- Datos propios y prudencia para leerlos. Un registro local sistematizado desde el inicio permite seguir cada caso en el tiempo. Atribuirle al programa cambios en la mortalidad requiere instrumentos de evaluación que todavía no existen.
Los límites también enseñan. Hoy, el punto crítico del programa es que los chicos sigan asistiendo a los tratamientos. Un municipio que adopte el modelo necesitará estrategias propias para sostener la continuidad terapéutica, además de detectar y derivar.
Un encuentro sobre salud mental y bienestar juvenil en gobiernos locales
Para los gobiernos locales que quieran trabajar esta agenda, la Red de Innovación Local y la Fundación Varkey organizan, con la Municipalidad de Concordia, el encuentro presencial “Bienestar juvenil: convivencia escolar y salud mental en jóvenes”. Se realizará el martes 27 y el miércoles 28 de octubre en Concordia, Entre Ríos, y está dirigido a funcionarios y equipos de gobiernos locales de toda Argentina.
El primer día comienza a las 12:30 con una jornada de diagnóstico, buenas prácticas y codiseño junto con especialistas y jóvenes. El segundo cierra al mediodía con una recorrida por experiencias de Concordia.

Nota de transparencia: +COMUNIDAD es el medio de periodismo de ciudades y soluciones de la Red de Innovación Local, que organiza este encuentro. Esta información se publica como servicio a la audiencia y no forma parte del reportaje del caso de San Miguel.
