Ciencia de la lectura
En Arrecifes, una ciudad de 40.000 habitantes al norte de la provincia de Buenos Aires, en Argentina, el ferrocarril dejó de prestar servicios de pasajeros hace décadas. El edificio de la estación, con aberturas amplias y una galería de chapa sobre el andén, albergó distintas dependencias municipales antes de su destino actual. Hoy, de lunes a viernes, pasado el mediodía, sus salas reciben a grupos de niños y niñas de entre seis y siete años que asisten fuera del horario escolar obligatorio.
Junto a ellos, las maestras se ubican en cuclillas para estar a su altura, juntan los labios, marcan la posición de la lengua contra los dientes y emiten un fonema seco. Los alumnos imitan ese sonido de manera coordinada y buscan la letra que corresponde en cada uno de sus cuadernillos. La dinámica se repite de forma pautada para fijar la relación entre sonidos y grafemas antes de avanzar hacia palabras complejas.
La escena es el resultado de una decisión de política pública. La Municipalidad de Arrecifes no administra escuelas ni define contenidos curriculares, pero sí puede intervenir en los espacios donde los niños pasan el resto del día. Y esta práctica sistemática busca responder a un problema de escala regional.

Un problema compartido
Según relevamientos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), UNESCO y UNICEF, cerca del 70% de los niños y niñas de diez años en América Latina no logra comprender un texto simple. En Argentina, las pruebas Aprender y el estudio regional ERCE muestran una dificultad equivalente en los primeros años. Buena parte del alumnado llega a tercer grado sin fluidez lectora y sin comprender lo que lee.
Arrecifes no se apartaba de ese patrón. La Dirección de Educación municipal revisó sus propios indicadores y encontró resultados por debajo de lo esperado en primero, segundo y tercer grado. El margen de acción disponible era estrecho. “Nosotros no tenemos escuelas municipales, como sí sucede en algunas de las ciudades”, explica María Inés Álvarez, directora de Educación de Arrecifes.
Frente a esa restricción, el municipio resolvió intervenir desde la educación complementaria. En 2025 puso en marcha el Programa Municipal de Alfabetización, una iniciativa gratuita dirigida a estudiantes de 1º y 2º grado que aplica el método Kalulu, una herramienta de código abierto basada en la neurociencia cognitiva para estructurar el aprendizaje inicial de la lectura.
Tres organismos, tres decisiones de diseño
El programa no se armó por intuición. La Dirección de Educación tomó insumos de tres organismos internacionales y los tradujo en definiciones operativas.
Del BID recuperó un informe sobre evidencias efectivas para revertir el déficit de alfabetización inicial en la región, que orientó la elección del método. De la UNESCO tomó el peso del entorno familiar e intergeneracional en el aprendizaje de la lectura, y de ahí salió el rol asignado a las familias dentro del esquema. De UNICEF incorporó la evidencia sobre centros de aprendizaje comunitarios, que dio nombre y forma a los Nodos de Aprendizaje.
“La idea o intención es que en diferentes lugares de la ciudad estén todos estos nodos de aprendizaje donde los niños puedan ir fuera del horario escolar a alfabetizarse”, señala Álvarez.
Ciencia de la lectura en una estación de tren
El municipio acondicionó salas de la vieja estación del ferrocarril, ubicada a distancia caminable de barrios periféricos y del centro, y organizó turnos que no se superponen con la jornada escolar ni con las rutinas familiares. La participación es gratuita y abierta a todos los estudiantes de primero y segundo grado.
“Teníamos que crear un programa que fuera sistemático, con evidencia científica, pero que tuviera un alcance en la comunidad a la que nosotros queríamos llegar”, recuerda la titular de Educación de Arrecifes.


Antes y después de la estación de tren de Arrecifes.
La decisión metodológica central fue adoptar Kalulu, desarrollado por el equipo del neurocientífico francés Stanislas Dehaene y adaptado en Argentina por un equipo de investigación dirigido por Melina Vladisauskas y Julia Hermida, de Excello Lab. Su base es la enseñanza fonética sistemática, que la investigación en ciencias cognitivas identifica como la vía más efectiva para alcanzar fluidez y comprensión lectora. El paquete incluye una guía pedagógica, libros infantiles con instrucción fonética explícita, una aplicación interactiva y juegos de cartas.
Andrés Rieznik, neurocientífico y divulgador que acompaña la implementación del método en el país, explica la premisa de fondo: “El lenguaje oral es un instinto. Un niño viene al mundo y, a grosso modo, en la interacción con sus pares y sus familiares, aprende a hablar correctamente”. El lenguaje escrito no funciona así y exige instrucción explícita. Por eso el método entrena dos habilidades de manera sistemática. La primera es el reconocimiento de los sonidos del habla, lo que se denomina conciencia fonológica. La segunda, la correspondencia entre esos sonidos y las letras.
Kalulu es libre y gratuito, una condición que resultó determinante para el esquema de Arrecifes. Los cuadernillos se imprimen en hojas A4, se doblan al medio y quedan listos para el aula.

De 40 minutos diarios a un sobre cada quince días
El principal obstáculo operativo fue el tiempo. Kalulu está diseñado para aplicarse 40 minutos diarios en aulas formales y la Dirección de Educación local solo disponía de una hora presencial por semana en la estación. La respuesta fue trasladar parte de la ejercitación a los hogares mediante un circuito intergeneracional.
La articulación comunitaria se sostuvo sobre cuatro herramientas concretas:
Cuadernillos modulares en hojas A4 plegadas. Material pedagógico abierto, organizado en secuencias progresivas, diseñado para imprimirse en hojas comunes y plegarse por la mitad sin encuadernación comercial.
- Sobres quincenales. Cada quince días, cada alumno retira un sobre con lecturas graduadas y actividades para resolver en el hogar, en rutinas de diez a quince minutos diarios junto a su familia.
- Acompañamiento docente por WhatsApp. Las maestras municipales gestionan canales de comunicación directos donde envían audios con la pronunciación fonética correcta, resuelven consultas y recuerdan las consignas semanales a las familias.
- Dinámicas lúdicas de consolidación. Cartas fonéticas, bingo y otros juegos orientados a acelerar la decodificación mediante la interacción compartida.
“Nuestra pregunta tiene que ver con qué pasaría si en nuestros municipios todos los niños pudieran llegar a tercer grado o a tercer año de primaria, leyendo con fluidez y comprensión”, plantea Álvarez. La respuesta que ensaya se apoya en la experiencia acumulada desde la puesta en marcha: “Los municipios, en los entornos de educación no formal, pueden y deben implementar propuestas para alfabetizar y acompañar las trayectorias educativas de los niños y niñas”.

Primeros resultados
El indicador más firme del Programa Municipal de Alfabetización es la demanda. La matrícula inicial se triplicó con el transcurso de los meses, lo que obligó a habilitar nuevas comisiones y turnos adicionales en la estación. El dato tiene peso porque las actividades voluntarias fuera del horario escolar suelen registrar altas tasas de deserción.
A nivel cualitativo, se registraron avances consistentes en el desempeño de los estudiantes frente a la lectura. Niños y niñas que promediaban segundo grado con dificultades para asociar letras y sonidos lograron decodificar palabras y oraciones breves tras lapsos de ocho a doce semanas de intervención continua. El afianzamiento técnico de la lectura disminuyó las situaciones de frustración en la escuela regular e impulsó su participación en el aula.
Esos avances provienen del seguimiento cotidiano del equipo municipal. El programa aún trabaja en una una medición estandarizada que permita dimensionarlos frente a un punto de comparación externo.

Qué necesita otra ciudad para hacer lo mismo
El modelo de Arrecifes reúne condiciones adaptables a otros municipios de escala intermedia.
1. Alianzas técnicas externas. El municipio se contactó de forma directa con el equipo de investigadoras de Excello Lab y con universidades nacionales que ya trabajaban con Kalulu en el país. La asistencia metodológica llegó por gestión, sin contratación de consultoría.
2. Institucionalización del programa. La incorporación formal a las metas de gobierno y la creación de los Nodos de Aprendizaje facilitaron el anclaje operativo y aseguraron la asignación de recursos para materiales de librería, impresiones y horas técnicas docentes.
3. Capacidades locales ya disponibles. El programa se apoya en docentes locales de nivel inicial y primario, formadas con los manuales abiertos y los trayectos asincrónicos de la plataforma Kalulu. En pocas semanas adquirieron herramientas para aplicar la enseñanza fonética, monitorear avances y corregir dificultades de decodificación.
4. Estructura de costos reducida. El esquema prescinde de licencias informáticas pagas y de dispositivos por alumno. Los cuadernillos y juegos se descargan de forma libre desde la web del proyecto. El gasto municipal se concentra en tres elementos: acondicionamiento de un espacio público en desuso, pago de módulos docentes fuera del horario escolar y provisión de papel para impresión.
El caso de Arrecifes muestra que un gobierno local puede incidir sobre los aprendizajes básicos de su comunidad sin esperar cambios en las estructuras centrales del sistema educativo. La combinación de evidencia científica validada, recursos de uso libre e infraestructura pública reutilizada define un umbral de entrada bajo para cualquier municipio de escala intermedia.
“Los municipios en entornos de educación no formal pueden y deben implementar propuestas para alfabetizar y acompañar las trayectorias educativas de la infancia”, sostiene María Inés Álvarez.
Las declaraciones de María Inés Álvarez y Andrés Rieznik corresponden al webinario “Sinergia por la alfabetización: del municipio a la comunidad” y al programa Miércoles de Innovación Local, coproducido entre +COMUNIDAD y Malditos Optimistas.
Imagen principal: Kalulu Argenitna.
Redacción +COMUNIDAD.
