trabajo con propósito
Por Ashoka Cono Sur
En Misiones, Tiago Rodriguez (19) dirige una startup que desarrolla inteligencia artificial para estudiantes con discapacidad. En Córdoba, Uriel Barzola (21) combina la apicultura con el activismo ambiental y los saberes del pueblo originario al que pertenece para montar un proyecto productivo en el lugar donde nació y eligió quedarse.
Ambos representan una forma de entender el trabajo que no separa la vocación del impacto, ni el proyecto personal del laboral y las acciones colectivas. Los dos forman parte de la generación 2026 de Tribu, la red de jóvenes agentes de cambio impulsada por Ashoka Cono Sur, que este año lanza Tribu Usina de Impacto, una instancia de cruce entre juventudes, trabajo y emprendimiento social.
Tiago partió de un compromiso personal y familiar por generar soluciones a personas con TDAH y TEA, que lo llevó desde más chico a involucrarse con campañas de concientización sobre discapacidad. Las ganas y la curiosidad lo llevaron a crear juguetes accesibles impresos en 3D con plástico reciclado. “Acelerados”, su proyecto actual, recupera los aprendizajes de ese camino y lo potencia. Es una plataforma de inteligencia artificial que adapta contenido educativo para estudiantes con trastornos de atención o del espectro autista.
Transformarlo en un medio de vida implica desafíos: “¿Cómo monetizar sin cobrarle a estudiantes ni a docentes?”, se preguntó. Por eso, indaga en propuestas público-privadas de financiamiento y en toda oportunidad de crecer. Es que para Tiago, el éxito se encuentra en dos dimensiones: una de métricas, que se da por llegar a más escuelas y usuarios con su desarrollo, y otra personal, que tiene que ver con acompañar a las familias.

Uriel también encontró la semilla de la transformación social hace años, movilizado por el activismo ambiental. Perteneciente a la comunidad originaria sanavirona Kasik Sacat, Uriel fundó Tracelife (“rastro de vida”), para divulgar material científico sobre las aves playeras migratorias del Parque Nacional Ansenuza, un proyecto que sumó limpiezas de costa y talleres en escuelas, ganó un premio y llegó hasta la legislatura de Córdoba.
En la actualidad, es voluntario en la Fundación Líderes de Ansenuza, donde se ocupa de la logística de talleres ambientales en La Shinconá, trabaja como apicultor en su propio emprendimiento en clave sociambiental y estudia Administración de Empresas. “Como ambientalista, quiero despertar el interés de las comunidades sobre el valor del ecosistema local. Como emprendedor, quiero lograr un proyecto escalable que genere empleo en mi zona”, recalca. Una vez que termine su formación, quiere regresar a Villa Rosario del Saladillo y visibilizar el proceso de producción de miel y la vida en ese rincón de Córdoba.
Que cambiar el mundo y trabajar no sea solo un sueño
Ser un agente de transformación social y necesitar, como cualquier persona, un ingreso económico para sostenerse, puede entrar en tensión. Para abordarlo, Ashoka impulsa desde hace seis años en Argentina la iniciativa Tribu, una red de jóvenes agentes de cambio que cada año explora distintas temáticas vinculadas a la participación y la transformación social.
En 2026, la propuesta presenta una nueva edición llamada Tribu Usina de Impacto, enfocada en el vínculo entre juventudes, trabajo y emprendimiento social. Además, gracias al acompañamiento de Citi Foundation obtenido en 2025, el programa se expande por primera vez a Uruguay y Paraguay.
La propuesta convoca a jóvenes que quieran profundizar su camino como emprendedores sociales, para formarlos en habilidades de liderazgo e iniciativa emprendedora. Les pone en contacto con referentes del sector privado, público y social, y busca cocrear con ellos y ellas materiales audiovisuales y educativos para acompañar el recorrido por el mundo laboral.
“Las juventudes están atravesadas por una gran incertidumbre respecto del futuro laboral, pero también por una necesidad muy fuerte de encontrar sentido en lo que hacen. Desde Ashoka creemos que no alcanza con pensar el trabajo únicamente como una salida económica o profesional. Las nuevas generaciones buscan espacios donde puedan desarrollarse, aportar a sus comunidades y tener un impacto positivo en los desafíos sociales y ambientales que atraviesan sus territorios”, definió Layla Calomiti, coordinadora de Niñez y Juventud de la organización.
Según detalló, ya desde los primeros encuentros de Tribu Impact Lab las y los jóvenes se mostraron “muy conscientes del contexto que habitan, con una enorme sensibilidad frente a temas como la salud mental, la desigualdad, la educación, el acceso a oportunidades, la crisis ambiental o la desconexión comunitaria”. Esas ganas generan acción porque se involucran para “imaginar respuestas nuevas frente a problemas complejos”, recalcó Calomiti.


Emprender desde el territorio y trabajo con propósito
Lo que Tiago y Uriel ya aprendieron en Tribu es que no están solos. “Ashoka nos da una visión externa de nuestros proyectos y nos ayuda a superar obstáculos”, consideró Uriel. Tiago valora sobre todo el contacto con jóvenes de otros lugares que también piensan el trabajo desde el impacto social. Y para quienes tienen inquietudes pero todavía no se animan a convertirlas en inquietudes de su vida cotidiana, les propuso: “Sean curiosos, estén presentes y molesten. Apuesten todo por las ideas que sienten que tienen potencial”.
En un momento en que el mundo del trabajo se transforma a una velocidad que desorienta, las juventudes aportan herramientas, ideas creativas, habilidad para la innovación y liderazgo. Hay algo que ambos jóvenes tienen en claro: el cambio puede ser algo más que una actividad paralela a la vida productiva; puede ser en sí mismo un proyecto de vida.

Este artículo se publica en el marco de un acuerdo de colaboración entre Ashoka Cono Sur y +COMUNIDAD | RIL. En esta ocasión, ocurre en el contexto de la publicación y difusión del Boletín Ideas & Inspiración. La edición de mayo 2026 está dedicada a iniciativas locales de desarrollo económico en América Latina.
Imágenes: Ashoka Cono Sur.
