EDUCACIÓN TERRITORIAL
Faros del Conocimiento de Curitiba: 32 años acercando educación y tecnología a los barrios

Con una red de 32 bibliotecas y laboratorios maker distribuidos en barrios y plazas, Curitiba sostiene una política pública que supera las tres décadas. El modelo evolucionó de biblioteca barrial a espacio de robótica e impresión 3D sin perder su función original. Más de 141.000 estudiantes y 8.500 vecinos participaron de sus talleres desde 2017. La clave de su longevidad: institucionalización presupuestaria, pedagogía creativa y una respuesta concreta al problema del acceso desigual al conocimiento en los barrios más alejados del centro.

En los barrios más alejados del centro de Curitiba, una torre metálica de colores —amarillo, rojo y azul— rompe la monotonía del paisaje urbano. Inspirada en la experiencia del Faro de Alejandría, esa estructura es la puerta de entrada a un espacio donde estudiantes, familias y vecinos acceden de forma gratuita a propuestas educativas, culturales y tecnológicas.

Los Faros del Conocimiento (Faróis do Saber) nacieron en 1994 para ofrecer servicios de consulta, préstamo de libros, actividades culturales y formación. La mayoría está ubicada junto a escuelas municipales. “Fueron pensados para atender tanto al público escolar como a los residentes de los alrededores, fortaleciendo el vínculo entre la escuela y los barrios”, explica a +COMUNIDAD Tania Maria Severino, gerente de Bibliotecas y Faróis do Saber en Curitiba.

Lo que empezó como una red de bibliotecas barriales a inicios de los 90 se transformó, en tres décadas, en una política territorial de innovación educativa. Su capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos y sociales explica, según Severino, por qué sigue vigente. Desde el año 2000, los espacios incorporaron computadoras y acceso gratuito a internet a través del programa “Digitando el Futuro”. Hoy combinan biblioteca, laboratorio de innovación y taller comunitario.

Un dispositivo híbrido: biblioteca, laboratorio y taller

En la actualidad, los 32 Faros del Conocimiento e Innovación están distribuidos en 9 centros regionales y dan servicio a ciudadanos de distintos barrios de la ciudad, con énfasis en los más alejados del centro. Sus talleres abordan robótica, programación, impresión 3D y diseño digital, y se articulan con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Según un informe del Banco Internacional de Ciudades Educadoras (BIDCE), actualizado en 2025, desde 2017 se realizaron más de 13.000 talleres con temas que van desde la animación cuadro a cuadro —técnica conocida comoStop Motion— hasta proyectos de ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas (STEAM). En ese período participaron alrededor de 141.000 estudiantes de la red municipal y aproximadamente 8.500 personas de la comunidad —docentes, familias y vecinos.

El marco pedagógico que orienta las actividades se basa en los “4 Ps del Aprendizaje Creativo”: pasión, pares, proyectos y pensamiento lúdico (pensar brincando, en el original en portugués). Este enfoque, derivado del trabajo del MIT Media Lab, distingue al modelo de una propuesta de infraestructura tecnológica sin contenido pedagógico.

La gestión del sistema articula dos niveles. La Secretaría Municipal de Educación (SME) define las directrices pedagógicas, normativas y administrativas. Los equipos directivos de cada escuela —dirección, vicedirección y equipo pedagógico— asumen la gestión cotidiana, dado que los faros forman parte de la unidad educativa.

“Los faros se consolidaron como equipamientos culturales dentro de una política pública de la Red Municipal de Bibliotecas de Curitiba. (Su gestión)  se estructura a partir del entendimiento de que estos espacios son bibliotecas escolares integradas a la Red Municipal de Enseñanza y vinculadas directamente a las unidades escolares donde están instalados”, profundiza Tania Maria Severino. 

Panorámica del Faro del Conocimiento. Imagen: Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.

De biblioteca a laboratorio: una evolución en tres actos

La historia de los faros no es la de una política que sobrevivió sin cambiar. Es la de una política que sobrevivió porque cambió, entienden en Curitiba. 

El primer acto arranca en 1994, durante la gestión del alcalde Rafael Greca de Macedo, en un momento en que Curitiba se consolidaba como referencia en planificación urbana integrada. Los faros se instalaron junto a escuelas municipales y plazas con un mandato simple: ofrecer consulta de acervo, préstamo de libros y actividades culturales a los vecinos del entorno, tanto escolares como adultos de la comunidad.

El segundo acto comienza en 2000, cuando los espacios incorporaron computadoras y acceso gratuito a internet a través del programa “Digitando o Futuro”. Fue una respuesta directa a la brecha digital que empezaba a definir nuevas formas de exclusión. En 2013, un proceso de revitalización actualizó infraestructura, acervos y formas de uso.

El tercer acto llegó en 2017 y fue el más radical. Parte del espacio físico de los faros se reconvirtióen  espacios maker, dando origen al Farol do Saber e Inovação. La biblioteca, por su parte, se amplió. Al préstamo de libros se sumaron robótica educacional, programación, modelado e impresión 3D, prototipado electrónico y producción de medios. “La cultura digital no sustituye al libro, sino que lo amplía”, sintetiza Tania Maria Severino, gerente de Bibliotecas y Faróis do Saber de la Secretaría Municipal de Educación.

Integrar la cultura digital, el desafío de Faros del Conocimiento

Incorporar tecnología a espacios concebidos originalmente como bibliotecas exigió superar resistencias técnicas, estructurales y culturales. Julia Padeski Rodoniski, gestora del Proyecto de Robótica de Alto Rendimiento de Curitiba, detalla a +COMUNIDAD dos niveles de resistencia. 

El técnico fue el más visible: adecuación de infraestructura física y eléctrica, ampliación de conectividad, adquisición y mantenimiento de equipos, actualización permanente de recursos digitales. Gestionar el uso simultáneo de los espacios por el público escolar y la comunidad exigió construir protocolos específicos.

El cambio cultural fue, quizás, el más profundo. “La biblioteca estaba asociada al silencio, a la lectura individual y a la consulta del acervo”, describe Padeski Rodoniski. Resignificar ese rol requirió un proceso gradual de sensibilización y formación continua que permitió construir nuevas prácticas, integrando lectura, cultura digital, experimentación y producción del conocimiento.

Tania Maria Severino destaca que, no obstante, todas las escuelas de la Red Municipal de Curitiba ponen a disposición de sus estudiantes acceso a libros y computadoras, con bibliotecas escolares implantadas en casi todas las unidades y espacios maker constituidos. Por lo tanto –remarcan en la Prefeitura–, los faros no sustituyen ni suplen una ausencia, sino que enriquecen prácticas ya existentes en la red de forma equitativa, aun sin la presencia física del faro en todas las instituciones que conforman la red municipal.

Espacio Maker. Imagen:  Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.
Espacio Maker. Imagen:  Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.

Faros móviles para llegar a toda la red

Las restricciones estructurales, logísticas y financieras impedían que el modelo alcanzara el 100% de las escuelas municipales. La respuesta fue crear los Faros del Conocimiento e Innovación Móviles: ambientes itinerantes de aprendizaje colaborativo que llevan los recursos tecnológicos y creativos a escuelas, Centros Municipales de Educación Infantil (CMEIs), Centros de Educación Especial (CMAEEs) y espacios de formación docente.

Severino y Padeski Rodoniski explican que, más que un mobiliario equipado con recursos tecnológicos y materiales de artesanía, los faros móviles se configuran como ambientes itinerantes de aprendizaje colaborativo. Esto permitió –afirman– promover la equidad en el acceso y la democratización de las oportunidades educativas.

De esa forma, la iniciativa de los Faros del Conocimiento evolucionó de forma continua y significativa, y acompañó las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas de la sociedad. Un ejemplo de eso es que, a partir del año 2000, los espacios comenzaron a incorporar computadoras y acceso gratuito a Internet a través del Programa “Digitando el Futuro”, fortaleciendo las acciones de inclusión digital y democratización de la información para estudiantes, docentes y la comunidad.

Niño interactúa en el Espacio Maker. Imagen:  Asociación Internacional de Ciudades Educadoras.

Sostenibilidad: por qué esta política sobrevivió a seis gestiones municipales

La pregunta más relevante de esta historia no es qué hacen los faros, sino cómo lograron sostenerse durante treinta años en un contexto regional donde gran parte de las políticas públicas municipales no supera el cambio de gestión.

La respuesta tiene dos componentes estructurales. El primero es la institucionalización: los faros están incorporados a la Secretaría Municipal de Educación con presupuesto propio, normativas específicas y articulación directa con las escuelas. Eso los protege de la discrecionalidad política. 

El segundo es el Programa Fondo Rotativo, que descentraliza la gestión de recursos para mantenimiento y materiales, evitando la dependencia de decisiones centralizadas para el funcionamiento cotidiano.

A eso se suma, según Padeski Rodoniski, la capacidad de construir redes colaborativas con universidades, organizaciones de la sociedad civil y actores del ecosistema de innovación, lo que amplió las fuentes de soporte técnico más allá del presupuesto municipal.

La validación externa llegó también desde fuera del sistema municipal. En 2018, el proyecto fue seleccionado entre 213 propuestas presentadas al Desafio Aprendizagem Criativa, convocatoria impulsada por la Fundación Lemann y el MIT Media Lab: fue uno de los ocho proyectos elegidos a nivel nacional y el único de la región sur de Brasil. La distinción implicó acceso a mentorías, apoyo técnico y vinculación directa con el programa del laboratorio del MIT.

Impacto y límites del modelo

Desde 2017 alrededor de los Faros del Conocimiento e Innovación se realizaron más de 13.000 talleres, participaron más de 141.000 estudiantes y 8.500 personas de la comunidad

El programa mide su impacto a través de indicadores cuantitativos y cualitativos: frecuencia de participación en actividades, desarrollo de competencias cognitivas y socioemocionales, registros pedagógicos de los docentes mediadores y portafolios de proyectos estudiantiles.

El grado de integración de los faros en el Proyecto Político-Pedagógico (PPP) de cada escuela funciona como indicador cualitativo central: las escuelas que incorporan la biblioteca como espacio pedagógico estructurante tienden a desarrollar prácticas de enseñanza más diversificadas, destacan las funcionarias. 

Sin embargo, aún no se  reportan públicamente datos consolidados sobre impacto en el desempeño escolar formal —tasas de mejora en comprensión lectora, porcentaje de escuelas con el faro integrado al PPP, o uso mensual promedio de los espacios. 

Las funcionarias Severino y Padeski Rodoniski afirman que estos datos se complementan con relatos evaluativos, portafolios de proyectos, autoevaluaciones de estudiantes, devoluciones de las escuelas y observaciones prácticas en cada espacio. “Esto permite identificar contribuciones directas en el proceso de aprendizaje, en el fortalecimiento de las habilidades previstas en el currículo y en la mejora del desempeño escolar formal”, explican.

Laboratorio Pedagógico de Inovación (Lapi).  Imagen: Daniel Castellano/SMCS.

Aprendizajes para otras ciudades

Consultadas sobre las lecciones que pueden tomar otras ciudades de Brasil y del resto de América Latina, las especialistas expresan que el principal aprendizaje es que “los proyectos de democratización tecnológica perduran cuando están cimentados en procesos continuos de formación, actualización pedagógica, flexibilidad metodológica y escucha permanente de las demandas sociales”. 

Tania María Severino resume que en todos estos años lograron consolidar lecciones fundamentales:

  • La tecnología por sí sola no transforma la educación. El impacto real sólo se produce cuando los recursos digitales están articulados a un proyecto pedagógico consistente, mediado por profesionales calificados (agentes de lectura y educadores).
  • Flexibilidad y actualización permanente. Los proyectos de democratización tecnológica deben ser procesos en constante evolución, capaces de incorporar nuevos lenguajes y medios.
  • Integración entre lectura, tecnología y cultura. La trayectoria de los faros demuestra que la cultura digital no sustituye al libro, sino que lo amplía. El fortalecimiento de la lectura es la condición básica para que el uso de las tecnologías sea crítico y emancipador.
  • Arraigo institucional. La longevidad de los faros está asociada a su incorporación en la estructura de la Secretaría Municipal de Educación, con presupuesto y normativas propias.
  • Territorios de convivencia y equidad. La  democratización tecnológica sólo se sostiene cuando responde a las necesidades reales de la comunidad y promueve el acceso calificado al conocimiento.