PRIMERA INFANCIA
Herrera, el pueblo que armó una red de madres y empezó a acompañar el embarazo con datos

Un primer relevamiento de los datos de la posta sanitaria permitió a la comisión municipal de Herrera (Santiago del Estero, Argentina) dimensionar un problema que hasta entonces conocía de manera parcial: 6 de las 33 mujeres embarazadas registradas eran menores de 18 años, y vivían especialmente en áreas rurales. Con esa información, el municipio reorientó su trabajo y creó un espacio de acompañamiento que en ocho meses pasó de 10 a 26 participantes.

Maternidad Segura en Comunidad.

Quien viaja por la Ruta Nacional 34 de Argentina, en el interior de Santiago del Estero, muy probablemente pase por Herrera. Es un pueblo de poco más de 4.400 habitantes, cuna del payador Lázaro Moreno y de una larga tradición de músicos. Durante décadas vivió al ritmo del ferrocarril, que paraba en su estación cabecera desde 1890, y del trabajo de las mujeres que amasan rosquetas.

La comisión municipal que dirige Herrera quiere que la localidad esté en el mapa por algo más. En 2025 dio un paso que no se ve desde la ruta. Un equipo del gobierno local fue hasta la única posta sanitaria del pueblo y le pidió a la obstetra la lista de sus pacientes embarazadas. Era la primera vez que lo hacía de forma clara y ordenada. 

En esa lista había 33 mujeres. Seis eran menores de 18 años, de 15 y 16. La mayoría vivía en los parajes rurales. Ese papel, con nombres que varias del equipo ya conocían de vista, cambió la forma en que Herrera piensa su política social.

Un pueblo donde todos se conocen

Herrera es cabecera del departamento Avellaneda, a más de 150 kilómetros de la capital provincial. De la comisión municipal dependen ocho parajes rurales, y todo lo que ocurre en ellos termina llegando al municipio. El pueblo tiene tres escuelas primarias con jardines anexos, un colegio secundario, un instituto de formación docente y una sola posta sanitaria, con una sola obstetra.

“Es un pueblo chico donde todos nos conocemos”, resume Alcira Escalada, secretaria tesorera de la comisión municipal. Esa cercanía marcaba el modo de trabajar. Cada familia que llegaba con un problema recibía una respuesta a medida. Si era de salud, el municipio intentaba conseguir turnos, organizar traslados a la capital o a ciudades cercanas y proveer medicamentos. Si era habitacional, la solución resultaba más difícil, porque los fondos no alcanzaban y había que negociar con cada familia una cobertura compartida.

De ese trabajo no quedaba demasiado registro. La información vivía en la memoria de quienes atendían cada caso. “Ahora sí, estamos tratando de que todo quede registrado”, contrasta Escalada.

De la lista de la obstetra al acompañamiento

Herrera ingresó al programa Ciudades de la Primera Infancia y Salud Perinatal de la Red de Innovación Local (RIL) con una beca de The Human Safety Net y el acompañamiento de la organización Haciendo Camino, con fuerte presencia en la provincia. El foco inicial era otro: la falta de servicios para niñas y niños con discapacidad.

El programa pedía un autodiagnóstico. Para completarlo hacían falta datos sobre niños de 0 a 5 años, escolarización y mujeres gestantes. Ninguno estaba sistematizado. El equipo, entonces, fue a la posta.

“Las chicas, por casos particulares, sí conocen a la obstetra. Pero nunca como representantes del municipio habíamos ido a pedir registros. Ha sido nuestra primera vez”, cuenta a +COMUNIDAD Dahiana Luna, del área de Asistencia y Desarrollo Social.

La lista puso una dimensión sobre algo que se sabía a medias. “Notamos que había adolescentes. Tal vez no tomamos dimensión de la cantidad, o nos conocíamos así, por ser vecinas”, dice Luna. Así, pudieron medir que más del 18% de los embarazos eran de adolescentes.

Participantes del programa Maternidad Segura en Comunidad en Herrera, Santiago del Estero

Un cambio de foco

El equipo decidió entonces reorientar el trabajo hacia el embarazo y la maternidad. La discapacidad, que había motivado el ingreso, quedó para más adelante. Fue una elección con costo, y las coordinadoras la nombran como tal. “Todavía se nos hacía lejano. Nos pareció importante empezar por las embarazadas, un primer paso para abordar después la infancia y la discapacidad”, explica Luna.

La decisión partió de una observación sobre los límites del control médico habitual. “Vamos al control de rutina, pero nos faltaba la otra parte, la parte humana”, plantea Escalada. Detrás había una preocupación que las coordinadoras veían a diario: una parte de los niños del pueblo crece sin el acompañamiento de sus padres en la crianza y la escuela. El municipio quería que el embarazo fuera también un momento para construir ese vínculo.

Así nació Maternidad Segura en Comunidad, un programa de la comisión municipal orientado a acompañar el embarazo, el parto y el puerperio. La coordinación general quedó a cargo de Escalada, que además arma mes a mes el presupuesto con el que funciona y define cómo se organiza cada actividad. El objetivo, resume Marisel Moreno, del área de educación, es que “ninguna madre transite ese camino en situación de vulnerabilidad”.

Mate, obstetras jóvenes y baby showers

El primer encuentro fue el 25 de noviembre de 2025, con diez mujeres. Desde entonces, el grupo se reúne cada quince días en el Centro Integrador Comunitario. Hay mate, algo para comer y una estudiante avanzada de Obstetricia que llega con la charla preparada.

Que esa referente tenga la edad de muchas participantes no es un detalle menor. El año pasado colaboraban tres estudiantes de Obstetricia; este año quedó una, que hace su residencia, porque las otras dos están terminando la carrera. “Son de nuestra edad. Eso les da confianza, les permite expresarse, preguntar”, explica Luna. En las salas de atención primaria de la capital provincial, agrega, las embarazadas acceden a más información sobre prevención y cuidados. En Herrera esa información escaseaba, y el taller vino a cubrir el hueco.

Al grupo llegan mujeres en su primer embarazo y otras que tuvieron hijos hace ocho o diez años y sienten que olvidaron casi todo. El municipio también gestiona talleres con nutricionistas, un servicio que muchas no podían costear, y busca sumar una psicóloga al equipo.

Maternidad Segura en Comunidad.
Encuentros. Imagen: Comisión Municipal de Herrera.

Maternidad Segura en Comunidad: una red que sostiene

Una de las mujeres de Herrera que participa en Maternidad Segura en Comunidad  vive en un paraje alejado y no tiene vehículo para llegar. El equipo se comprometió a buscarla y a llevarla de vuelta en cada taller. Con el tiempo, empezaron a acompañarla su pareja y su madre, y el embarazo pasó a vivirse en familia.

Los baby showers trajeron otra novedad. En el pueblo se los consideraba cosa de mujeres. “Es muy raro que los hombres participen. La primera vez que hemos hecho uno, todos se han copado”, cuenta Luna. Se hicieron tres, y quedaron entre los momentos más celebrados del programa.

A agosto de 2026, el grupo tiene 26 mujeres inscriptas, con asistencia constante de alrededor de la mitad. Las que ya dieron a luz siguen yendo. Cuando el intervalo entre encuentros se estira, al equipo le llegan mensajes preguntando cuándo es el próximo.

“Nos extrañan”, dice Maira Ibalo, del área de salud. “Se sienten contenidas, son amigas, se cuentan cosas, se juntan a tomar mate. Han creado una red entre ellas”, agrega. Moreno apunta al trato como la clave que sostiene esa red. “Uno puede tener un grupo, pero si la comunicación no es buena, si no hay escucha, ese grupo se degrada”, desarrolla. 

Lo que todavía falta

Las coordinadoras señalan sus propios vacíos. La prevención del embarazo adolescente sigue siendo el punto más débil: se reduce a dos o tres charlas anuales en el secundario, a cargo de la obstetra. “La parte de educación ahí está un poco floja. Eso lo tenemos que retocar”, admite Escalada. Los derechos de las estudiantes embarazadas —licencias, reincorporación tras el parto, la hora diaria de lactancia— hoy se garantizan porque ella, docente del colegio, conoce a las jóvenes una por una. No hay todavía un circuito formal que lo asegure.

La beca cubre la logística: los traslados desde los parajes, los materiales, la comida de los encuentros. El sostenimiento diario salió de una decisión interna. El municipio dejó de destinar fondos a otras áreas para mantener el programa.

El vínculo con Haciendo Camino funciona por intercambios específicos y formación. La organización aportó datos y modelos de talleres que Herrera adaptó. El municipio, en tanto, resuelve traslados y provisión de medicamentos cuando se necesita.

Por dónde se empieza

El primer paso de todo el proceso no costó dinero. Consistió en que un área del municipio le pidiera de manera formal una lista a un servicio de salud del mismo pueblo. Lo que siguió fue de a poco, con ensayo y error.

“Empezamos primero con la secretaría, después juntamos a las chicas. Somos cuatro que acompañamos”, recuerda Luna. “El primer taller lo dio la obstetra, que nos guiaba mientras nosotras preparábamos las actividades. Nos costaba planificar, nos frustrábamos. Habíamos visto experiencias de otros lugares y decíamos: estamos tan lejos de eso”, compara,  El horizonte que se plantean ahora es que el espacio deje de ser solo para madres de bajos recursos y se abra a mujeres de todas las clases sociales.

En el corto plazo evalúan pasar los encuentros de quincenales a semanales, con jornadas informativas y otras recreativas —cocina, manualidades— pensadas para que las participantes puedan generar un ingreso.

“Con poquito podemos hacer algo. Desde algo se empieza”, sintetiza Luna. Escalada lo resume desde la gestión. “Es muy fácil dictar políticas sociales sentados detrás de un escritorio con una pantalla. Es muy distinta la realidad cuando uno se acerca”, contrasta.

Redacción +COMUNIDAD