Vecinas x Cundinamarca
En la ruralidad colombiana, la palabra “todera” describe a aquellas mujeres que asumen todas las tareas cotidianas imaginables: cuidar la familia, labrar la tierra, gestionar el hogar y sostener la vida. Esta herencia histórica, transmitida de abuelas a madres, tiene un costo invisible. Implica la postergación del autocuidado, un aislamiento social progresivo y, con él, la falta de participación en la comunidad.
En Cundinamarca, las distancias geográficas y las dificultades de conectividad suelen convertir en un desafío cotidiano el simple hecho de encontrarse a conversar. Ese aislamiento se cruza con un problema más amplio de la vida democrática local. En muchos municipios, las instituciones tienen dificultades para responder a las necesidades que identifican las mujeres de sus comunidades. A la vez, el conocimiento y el liderazgo de las mujeres rurales rara vez se traducen en influencia sostenida sobre la agenda pública.

Un giro democrático a un programa existente
Para revertir ese escenario surgió una apuesta que va más allá del cuidado individual. Un consorcio de organizaciones de la región se propuso ensayar innovaciones democráticas frente a un problema mayor: el debilitamiento de la democracia en América Latina.
La iniciativa se diseñó en el marco del Colectivo de Innovación para la Democracia en América Latina, un programa del Centre for Public Impact (CPI). La iniciativa propuso reunir a organizaciones con experiencia de trabajo en Latinoamérica para repensar y accionar en conjunto. De ese fenómeno amplio, este experimento (uno de cuatro que impulsó el programa) eligió trabajar sobre una dimensión precisa, la responsividad, un concepto que refiere a la capacidad de los gobiernos para escuchar y responder de manera efectiva a las necesidades de su comunidad.
En lugar de crear un programa desde cero, el consorcio adaptó Vecinas Valiosas, una experiencia que ya existía en Cundinamarca y que estaba enfocada en el cuidado de las mujeres rurales, el fortalecimiento de sus capacidades personales y la construcción de comunidad.
Así, se creó Vecinas x Cundinamarca, que sumó un componente especialmente democrático a esa base existente. Lina Arango Díaz, directora del programa, resume la premisa de partida: “Las mujeres rurales son sumamente capaces de proponer soluciones a problemas estancados en sus municipios”.
La adaptación tomó forma en dos decisiones. La primera fue incorporar a los grupos a mujeres que forman parte del gobierno local, junto con las líderes comunitarias. La segunda fue orientar el trabajo hacia los “problemas estancados” de cada municipio, aquellos que persisten sin resolución en el tiempo. Así, los círculos de confianza que ya proponía Vecinas Valiosas ganaron, con Vecinas x Cundinamarca, un propósito nuevo: desestancar problemas públicos.

Vecinas x Cundinamarca: la responsividad como construcción conjunta
Detrás de esa apuesta hay una idea que ordena toda la intervención. La responsividad deja de leerse como un asunto de “demanda” de la ciudadanía o de “oferta” del Estado por separado. Se la entiende como una propiedad relacional, que surge del modo en que ambos actores interactúan.
Como programa diseñado para llevar la capacidad de propuesta de las mujeres al plano de la incidencia pública, la responsividad y el diálogo directo con los gobiernos locales, Vecinas x Cundinamarca tomó forma con una colaboración colectiva. Socialab (Colombia) coordinó el proceso en terreno y lo ancló en la red de Vecinas Valiosas en Cundinamarca. Huella Local (Chile), el Laboratorio de Gobierno (Chile), la Red de Innovación Local (Argentina) y VelezReyes+ aportaron su experiencia en innovación de gobiernos locales, metodologías de aprendizaje entre pares y articulación territorial.
Así, entre 2025 y 2026, la iniciativa logró llegar a 38 municipios de Cundinamarca, con la participación de 108 mujeres organizadas en 42 grupos de trabajo.

Metodología flexible y soluciones territoriales
El programa abordó un desafío clave: la ausencia de espacios para el encuentro, el diálogo y la colaboración entre las mujeres líderes comunitarias y los funcionarios del gobierno local en Cundinamarca. Para resolver esta brecha, Arango Díaz explica: “Decidimos cambiar la dinámica de trabajo, en términos de que no es la comunidad y la gente pidiéndole cosas al gobierno para que el gobierno actúe y dé una respuesta”.
“Nos preguntamos qué pasaría si creamos conversaciones horizontales donde hay mujeres con diferentes perfiles que hayan trabajado o trabajen actualmente en el sector público. Que sean lideresas comunitarias o mujeres que vivan en estos lugares, y ellas mismas sean capaces de entender los problemas estancados de sus municipios y proponer soluciones para resolverlos”, agrega la directora del programa.

Círculos de inspiración. Imagen: Vecinas x Cundinamarca.
La metodología de trabajo consistió en la conformación de 42 equipos flexibles, que asumieron diferentes perspectivas y roles, y se desarrolló a través de tres frases:
- Fase de inspiración y conexión: sesiones virtuales para compartir experiencias y establecer los desafíos y relación con los gobiernos locales.
- Fase de activación: conversaciones guiadas en grupos de WhatsApp, formación en participación ciudadana y diseño de proyectos, y la conformación de círculos locales autogestionados.
- Fase de acción y sistematización: identificación de desafíos locales, provisión de recursos para apoyar la colaboración y registro de los resultados obtenidos.
La apropiación de la metodología por parte de las participantes demostró que la urgencia del territorio suele superar a las dinámicas de trabajo propuestas. Sara Camargo, integrante del equipo de coordinación, lo destaca: “Lo que empezó a pasar, que para nosotras fue muy valioso, fue que las mujeres no seguían el proceso de forma lineal. Ellas identificaban un problema y enseguida proponían una solución”.
Esa prisa por actuar cobra sentido al entender que, para muchas, era la primera vez que su voz tenía peso en la agenda pública: “Estos espacios de conexión para ellas se volvieron muy importantes, porque por lo general, son mujeres a las que no se les pregunta nada”, agrega Arango Díaz.
Los desafíos que enfrenta Vecinas x Cundinamarca
El desarrollo del programa identificó algunos desafíos. Uno de los más complejos fue romper la inercia de la expectativa económica inicial, ya que algunas participantes esperaban retribuciones materiales o económicas por asistir a los talleres. Frente a eso, implementaron incentivos básicos para cubrir gastos de transporte, alimentación y planes de datos (internet), sin que se convirtieran en un pago por el trabajo comunitario.
Otro desafío latente de Vecinas x Cundinamarca es lograr la sostenibilidad de los espacios de cuidado y la incidencia de las mujeres en la toma de decisiones estructurales. “El cuidado de las mujeres rurales es nuestra preocupación, ya que ellas viven de acuerdo a las condiciones que otras personas deciden por ellas”, explica Arango Díaz.
“Por eso este proyecto es tan importante, porque trabajamos por esos espacios propios de las mujeres rurales, por esa capacidad de agencia, de tomar decisiones sobre la vida de cada una”, agrega la directora del proyecto. Y sugiere: “Esto debería ser un tema muy importante para los gobiernos nacionales y locales”.

De la ideación a la conquista de espacios públicos
El principal indicador de éxito de la iniciativa radicó en la capacidad de las participantes para captar el interés de los gobiernos locales mediante la viabilidad de sus propuestas, la mayoría relacionadas con temas de equidad y violencias basadas en género. “Varias de las soluciones fueron generar círculos de mujeres dentro de sus comunidades para hablar de distintos temas, y estos círculos siguen activos”, refuerza Camargo.
Al cierre del proceso, los grupos que participaron de Vecinas x Cundinamarca se dividieron en dos escenarios marcados: el 41% ejecutó acciones concretas en el territorio, superando la meta inicial de ideación. El 33,3% de los grupos terminó el proceso sin nombrar una problemática específica, mientras el 13% de los grupos cumplió únicamente con el objetivo de diagnóstico y diseño de soluciones. Los datos se recolectaron entre el 2 de febrero y el 31 de mayo de 2026.
Las especialistas afirman que el programa logró una gestión efectiva en territorios con apertura institucional. Por ejemplo, obtuvieron atención directa en las alcaldías de Chía y Cogua, asistencia técnica de la Gobernación y el SENA en Fusagasugá, y espacios físicos como bibliotecas municipales en Tocancipá y Zipacón.
Se reportaron contactos con la Gerencia de la Mujer de Cundinamarca, las Casas de la Mujer en Chía y Madrid, el Observatorio de la Mujer en Mosquera y la Secretaría de la Mujer en Machetá. Estas oficinas funcionaron como espacios de formación, búsqueda de información sobre derechos y lugares para reuniones de coworking. En Zipacón y Nocaima, se recibieron donaciones de materiales por parte de la Corporación Autónoma Regional (CAR) y de comerciantes locales.

Para muchas de las participantes, Vecinas x Cundinamarca fue el paso del aislamiento a la colectividad. Descubrieron que sus problemas eran situaciones compartidas y no fallas individuales. “A veces pensamos que lo que estamos pasando es sólo nuestro y no es así, este grupo me ha permitido sentirme identificada e inspirada de otras mujeres“, comparte una vecina del municipio de Silvania.
“Nosotras tenemos un grupo de cuatro mujeres, nos compaginamos de una manera espectacular y miramos cómo cada una desde su espacio construye territorio y eso me parece fabuloso”, expresa una vecina de Nocaima. Desde su municipio, agrega: “Estoy encantada, aunque de pronto un limitante ha sido el tiempo, porque en este momento estoy estudiando, pero de todas maneras me he mantenido conectada con el grupo”.
El respaldo para construir una vida digna
En marzo de 2026, Arango Díaz escribió estas líneas en su cuenta de LinkedIn: “En las zonas rurales de Colombia y otros países del mundo, hacer amigas no es fácil por condiciones geográficas o climáticas. Porque si mi vecina más cercana vive a 20 minutos caminando, solo ir a saludarla se vuelve un desafío que empeora con la temporada de lluvias, y en la temporada de sequía el calor lo hace insoportable”.
En ese contexto, Vecinas Valiosas nació con una premisa profundamente política. Tener amigas es un “acto revolucionario” y el respaldo necesario para construir una vida digna. Sobre esa red de afecto y confianza se montó el trabajo de incidencia.
El planteo, que se extendió a Vecinas x Cundinamarca, se aparta de la capacitación tradicional. Se trata de espacios de gobernanza colaborativa para reunir a líderes sociales y a funcionarias públicas para trabajar juntas. El objetivo es claro: cambiar la dinámica histórica de la queja por la co-creación de soluciones. Una de las coordinadoras lo sintetiza: “Aunque estaban predispuestas a recibir quejas en la Alcaldía, nosotras cambiamos el chip para aportar soluciones”.

Un nuevo horizonte: el camino hacia políticas públicas
Aquellas mujeres de la ruralidad colombiana, que históricamente fueron educadas para ser “toderas”, encontraron en este espacio el quiebre de esa herencia invisible que se transmite de abuelas a madres, de madres a hijas.
Al dejar de estar solas en su día a día, la capacidad instalada más potente que queda en el territorio, y que destacan desde Huella Local, es el tejido de una red de confianza que antes no existía.
Sara Camargo explica que, lejos de enfriarse, el proceso entró en una etapa de maduración colectiva: “Las mujeres que estaban en Cundinamarca están dentro de la red grande, conectándose con otras mujeres”. De todos modos, el acompañamiento de la red es cíclico. “A partir de los mismos círculos de inspiración, comenzaron a emerger de forma orgánica nuevas necesidades y, con ellas, sus propias respuestas”, agrega.
La evolución de la iniciativa hacia debates sobre el diseño de políticas públicas, impulsados este mes por la propia red, responde a la maduración de los grupos, que entendieron que sus soluciones requieren de un marco institucional duradero. Al final, el proyecto prueba que desarmar el mandato cultural de la “todera” que se posterga a sí misma es indispensable para que las mujeres rurales piensen y decidan su propio desarrollo territorial.
Redacción +COMUNIDAD
Placa principal: +COMUNIDAD, con imágenes de Vecinas x Cundinamarca.
