DESARROLLO EMPRENDEDOR
“El valor de no desaparecer”: aprendizajes desde un Club de Emprendedores municipal

A seis años de su creación, el Club de Emprendedores de Concepción del Uruguay (Entre Ríos, Argentina) funciona como un espacio de encuentro donde el mayor valor hoy está en el intercambio entre pares. Fernando Diorio, especialista en desarrollo emprendedor y Embajador Alumni de RIL, cuenta cómo el acompañamiento técnico permite generar soluciones colectivas aun cuando los recursos financieros son limitados.

Por Fernando Diorio(*)

Un viernes por la tarde, en el auditorio chico de la Municipalidad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos, Argentina), un grupo de emprendedores se reúne como lo hace cada dos meses. No hay escenario ni presentaciones formales. Las sillas se acomodan en ronda y la conversación empieza rápido: ventas que bajaron, proveedores que subieron precios, ideas para llegar a nuevos clientes.

El encuentro forma parte del Club de Emprendedores, un espacio que el municipio impulsa desde 2020, con un paréntesis en pandemia, para que quienes están desarrollando proyectos productivos puedan encontrarse, compartir experiencias y aprender entre pares. No es una incubadora ni un programa de financiamiento. Es, sobre todo, una comunidad que se reúne a conversar sobre lo que significa emprender en una ciudad intermedia. El Club, es fruto del entonces Concurso de Innovadores Locales de RIL, año 2018 (hoy es el Programa de Innovadores Locales).

Durante estos seis años de trayectoria, este espacio contó con 1320 participaciones y 320 emprendimientos únicos.

Club de Emprendedores. Imagen: Municipalidad de Concepción del Uruguay.

Vinculaciones público-privadas que surgieron en el club

Lo que comenzó como una charla entre vecinos derivó en una red de soluciones prácticas que hoy son parte de la economía local. El Club de Emprendedores se transformó en un laboratorio de vinculación horizontal y de organización de compras colectivas. Emprendimientos gastronómicos y textiles lograron reducir costos unitarios y mejorar su poder de negociación al unirse para adquirir insumos en escala. 

En paralelo, la asistencia técnica entre pares permite que diseñadores y expertos en comercialización digital del mismo grupo brinden mentoría y capacitación a sus compañeros, elevando la calidad visual y estratégica de los proyectos más incipientes sin costo alguno.

Kermes en el Espacio Deportivo y Cultural. Imagen: Municipalidad de Concepción del Uruguay.

Esta dinámica también fomentó la colaboración productiva, como la creación de líneas conjuntas entre fabricantes de velas y carpinteros, o la participación en ferias regionales para compartir gastos de logística y exhibición. Con el tiempo, se consolidó un circuito de servicios cruzados, con contratación interna de diseño, fotografía o packaging, que asegura que el valor económico permanezca dentro de la comunidad. 

El club funciona hoy como un espacio de inteligencia distribuida, donde la validación de ideas y la identidad colectiva actúan como un puente institucional, permitiendo que el ecosistema local no solo sobreviva, sino que innove de manera incremental a partir del intercambio genuino.

Financiamiento para emprendedores

En medio de ese intercambio que suele darse cada mes en el club aparece una pregunta que, tarde o temprano, siempre llega:

━ ¿Este año va a haber financiamiento para emprendedores?

La respuesta fue breve. No.

Los programas que habían funcionado en años anteriores ya no estaban disponibles, y el municipio había decidido concentrar sus recursos en otras áreas productivas. No había nuevas líneas abiertas ni herramientas económicas para ofrecer en el corto plazo.

La reunión siguió. Nadie se levantó de la ronda. Pero esa escena deja planteada una pregunta que atraviesa a muchos gobiernos locales: ¿cómo sostener legitimidad cuando el municipio no tiene recursos para acompañar?

Panorámica de Concepción del Uruguay. Imagen: Google.

La conversación que nadie quiere tener

Los municipios suelen ser la primera puerta a la que golpean vecinos, emprendedores o instituciones cuando necesitan apoyo. Eso ocurre incluso cuando muchas de las herramientas dependen de políticas provinciales o nacionales.

Cuando esas herramientas desaparecen o se reducen, aparece un momento incómodo para cualquier equipo de gobierno: explicar que no hay respuestas inmediatas.

Frente a esa situación, es habitual intentar ganar tiempo. Prometer gestiones futuras, esperar a que aparezca algún programa o trasladar responsabilidades hacia otros niveles del Estado.

Es una reacción comprensible. Nadie disfruta decir que no.

Sin embargo, la experiencia muestra algo simple: lo que más desgasta la relación entre el Estado local y su comunidad no es la falta de programas. Es la falta de claridad.

Las conversaciones difíciles, cuando se dan con honestidad, suelen generar algo que no siempre se espera: comprensión.

Club de Emprendedores. Imagen: Municipalidad de Concepción del Uruguay.

Lo que ocurre cuando el vínculo es real

En aquella reunión del Club de Emprendedores, después de explicar que ese año no habría herramientas de financiamiento, la conversación tomó otro rumbo.

Algunos participantes comenzaron a contar cómo estaban resolviendo problemas similares. Uno habló de compras compartidas de insumos. Otro mencionó una red de recomendación entre emprendedores. Una diseñadora contó cómo estaba intercambiando servicios con otros proyectos locales.

El encuentro terminó sin anuncios ni programas nuevos, pero con algo distinto: una comunidad que empezaba a reconocerse como parte de la solución.

Para el equipo de la Coordinación de Desarrollo Emprendedor, ese momento dejó un aprendizaje importante. Cuando el vínculo con la comunidad es genuino, la relación no depende únicamente del presupuesto disponible.

La otra conversación, la que ocurre dentro del Estado

Hay una dimensión de estas situaciones que rara vez aparece en las notas de gestión. Dentro de los gobiernos también existen prioridades políticas.

Algunas áreas concentran mayor atención institucional. Otras trabajan con márgenes más reducidos, menos recursos y menor visibilidad.

Para quienes están al frente de esas políticas (desarrollo emprendedor, cultura, innovación, ambiente) la frustración puede volverse una compañera frecuente. Equipos técnicos formados, con vocación pública, que muchas veces sienten que podrían hacer más de lo que el contexto les permite.

El riesgo es conocido. Primero aparece el desgaste. Después el enojo. En algunos casos, la decisión de irse.

Cuando eso ocurre, los municipios pierden algo que no figura en ningún presupuesto: experiencia, conocimiento territorial y personas que todavía creen que el Estado local puede mejorar la vida cotidiana de su comunidad.

Cuidar a esos equipos también es parte de gobernar.

Lo que sí puede hacer un municipio

Trabajar con recursos limitados obliga a redefinir el rol del Estado local. No siempre es posible ofrecer financiamiento o programas de gran escala, pero sí hay prácticas que pueden sostener el vínculo con la comunidad.

Entre ellas:

  • generar espacios de encuentro entre actores del territorio
  • compartir información clara sobre las decisiones de gobierno
  • mantener abiertos los canales de diálogo con quienes emprenden
  • reconocer los límites de la gestión sin desaparecer de la conversación

El Club de Emprendedores nació con un objetivo sencillo: que las personas que emprenden en la ciudad pudieran encontrarse, compartir experiencias y aprender unas de otras. Con el tiempo también se convirtió en otra cosa: un espacio donde el municipio puede seguir presente incluso cuando no tiene herramientas económicas para ofrecer.

La legitimidad también se construye así

En muchos municipios de América Latina, la gestión cotidiana ocurre en contextos de recursos escasos y demandas crecientes. En ese escenario, la legitimidad del Estado local no depende solo de los programas que puede financiar.

También depende de algo más básico: la capacidad de sostener el vínculo con la comunidad incluso en momentos incómodos.

Explicar decisiones. Compartir límites. Seguir conversando.

Porque cuando el Estado desaparece de la conversación pública, no solo se pierden programas. También se pierde confianza.

Y la confianza es un recurso mucho más difícil de reconstruir que cualquier presupuesto.

Tal vez la primera responsabilidad de un gobierno local no sea tener siempre respuestas, sino no levantarse de la ronda cuando las respuestas faltan.

Fernando Diorio, especialista en el ámbito emprendedor. Imagen: intervenida por +COMUNIDAD
(*) Fernando Diorio trabaja en desarrollo emprendedor desde el ámbito público, la sociedad civil y la educación. Es parte de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, la Asociación Civil Fortalecer y participa como facilitador en Junior Achievement. Además, en 2021 fue uno de los funcionarios seleccionados para ser parte del Programa Embajadores de la Red de Innovación Local (RIL).