INNOVACIÓN PÚBLICA
Inteligencia artificial y gestión local: claves para una implementación estratégica

Guadalupe Dorna, Laura Alonso Alemany y Gastón Wright analizan el desembarco de la inteligencia artificial en los gobiernos municipales. Desde la ventaja de las administraciones locales para innovar con agilidad hasta la necesidad de auditar algoritmos y actualizar normativas, tres visiones expertas para que la modernización del Estado combine eficiencia técnica, ética y defensa de derechos.

La incorporación de inteligencia artificial (IA) en los gobiernos locales ha dejado de ser una escena de ciencia ficción para convertirse en una herramienta de gestión cotidiana. Sin embargo, su adopción plantea una tensión inevitable en los pasillos de los municipios: la necesidad de modernizar el Estado para no perder el tren del desarrollo frente a la obligación de hacerlo con resguardos éticos y soberanía tecnológica.

¿Cómo pueden las ciudades latinoamericanas navegar esta transformación? La respuesta se construye desde múltiples perspectivas. Por un lado, la ventaja competitiva de los gobiernos locales, que por su escala pueden actuar como laboratorios ágiles de innovación; por otro, la cautela necesaria para no delegar decisiones críticas en “cajas negras” o algoritmos sin supervisión.

A continuación, reunimos tres visiones complementarias de expertos publicadas originalmente por la Coalición de Ciudades por la Inteligencia Artificial (CIIAR). Guadalupe Dorna (Escuela de Gobierno, UTDT), Laura Alonso Alemany (Liga del Bien para la IA) y Gastón Wright (Civic Compass) exploran las oportunidades, los desafíos y los riesgos de gestionar lo público en la era del algoritmo.

Guadalupe Dorna, Laura Alonso Alemany y Gastón Wright.

IA en municipios argentinos: el tren bala que no podemos perder

El imperativo de la innovación: agilidad y empoderamiento

Por Guadalupe Dorna | Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (*)

La inteligencia artificial no es el futuro, es el presente. Es un presente que se manifiesta como un tren bala, a una velocidad que por momentos nos genera adrenalina y por momentos, un poco de pánico. Y está bien que así sea, porque las implicancias de esta revolución arrolladora todavía nos son esquivas: el futuro puede implicar el colapso de la forma de trabajar como la conocemos, con consecuencias que todavía no sabemos cómo calificar.

Ante la incertidumbre tecnológica, sólo hay una cuestión certera: no podemos perder tiempo en subirnos a este tren bala que tiene hoy sus puertas abiertas. Y la buena noticia es que los municipios argentinos tienen la capacidad de hacerlo antes que otras estructuras, porque poseen una cualidad que los niveles centrales envidian: su agilidad.

Los municipios son los verdaderos laboratorios de innovación del Estado. Mientras el gobierno nacional puede debatir meses una decisión, un intendente puede implementar una solución en semanas. La evidencia internacional confirma que los gobiernos locales adoptan tecnología entre dos y tres veces más rápido. En Argentina ya vemos la punta del iceberg: desde WhatsApp gubernamental hasta análisis predictivo y automatización de procesos.

Integrar IA no implica necesariamente financiar startups o contratar ejércitos de programadores. Subirse a este tren es mucho más simple, particularmente para las estructuras ágiles de los municipios. 

Primero necesitamos tener líderes municipales que visualicen el potencial de estas herramientas. Un líder inspirado e informado es el eslabón clave para lo que sigue: el empoderamiento de los equipos de gobierno.

Este empoderamiento tiene tres componentes clave. Primero, una capacitación inicial en el uso de la IA generativa y los procesos de automatización básica. Segundo, el espacio para la exploración, permitiendo liberar el potencial creativo que estas tecnologías habilitan. Tercero, propiciar una comunidad de prácticas para compartir experiencias que permitan transformar y potenciar las ideas compartidas.

Empoderado de esta forma, un empleado municipal puede usar IA para generar respuestas más precisas a consultas ciudadanas, crear informes automáticamente, analizar datos de gestión, crear tableros, hacer análisis predictivos, automatizar procesos a muy bajo costo o incluso diseñar campañas de comunicación más efectivas. Y lo más importante: estas tareas no requieren un equipo de programadores para llevarlas adelante.

La revolución de la IA generativa radica en que, con una guía mínima, el propio agente municipal se convierte en desarrollador de las soluciones que necesita. Es la posibilidad de adaptar la tecnología a nuestras necesidades y no al revés. El tren bala está pasando hoy y tiene las puertas abiertas, pero no indefinidamente. El momento de subirse es ahora. Solo es cuestión de experimentar y aprender haciendo.

Imagen ilustrativa generada con Nano Banana.

Inteligencia artificial en la gestión pública local: oportunidades y desafíos

La balanza de la gestión: eficiencia con resguardos éticos

Por Laura Alonso Alemany | Liga del Bien para la Inteligencia Artificial (*)

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta clave para transformar la gestión pública local. Nos entusiasma su potencial para mejorar el funcionamiento de lo público y la calidad de vida ciudadana. Cada proyecto innovador da prueba de ello: desde chatbots en ventanilla digital y acciones proactivas para salud, hasta el monitoreo automatizado de velocidad de automóviles.

Cada vez son más las iniciativas que implementan diferentes municipalidades en la Argentina. Ahora bien, ¿qué beneficios aportan estas aplicaciones de inteligencia artificial, y qué preocupaciones acarrean?

Gran parte de estas aplicaciones se basan en el aprendizaje automático, es decir, en detectar patrones en grandes volúmenes de datos para después ponerlos en acción. Especialmente en las ciudades, esto permite automatizar tareas mecánicas y repetitivas —como la carga de datos, análisis de formularios o revisión de normativas— liberando tiempo y energía de los funcionarios. Así, los equipos pueden concentrarse en resolver problemas complejos que requieren empatía, juicio humano y conocimientos especializados.

Entre los usos más prometedores está la atención proactiva. En salud, la IA puede contribuir a la detección temprana de brotes de enfermedades; en movilidad urbana, permite optimizar rutas de transporte público y reducir la congestión; y en gestión ambiental, detectar patrones de contaminación para sugerir intervenciones eficaces. 

Además, la tecnología puede ser un motor de inclusión: sistemas de asistencia basados en lenguaje natural ayudan a personas con discapacidad a interactuar con servicios públicos, o traducen textos facilitando el acceso a comunidades migrantes.

Sin embargo, esta ventana de oportunidad conlleva riesgos. La implementación sin resguardos adecuados puede producir efectos negativos graves, como el sesgo algorítmico. Si los datos históricos reflejan discriminaciones sociales, los sistemas pueden reproducirlas o amplificarlas.

Por eso, es fundamental que la adopción de IA en la gestión pública esté acompañada de procesos que revisen no sólo los aspectos técnicos, sino también éticos y sociales. Herramientas como la autoevaluación de la Liga del Bien para la Inteligencia Artificial pueden ser útiles para monitorear el uso responsable. 

La IA ofrece una oportunidad única para fortalecer la gestión local, pero para que su impacto sea positivo y duradero, es necesario combinar innovación con responsabilidad, experimentación con evaluación, y eficiencia con equidad. Sólo así podremos construir ciudades más inteligentes, inclusivas y humanas.

Imagen ilustrativa generada con Nano Banana.

Entre el entusiasmo y el riesgo de delegar sin control

Inteligencia artificial y gestión local: el desafío de la gobernanza

Por Gastón Wright | Director de Civic Compass (*)

En los últimos años, la inteligencia artificial dejó de ser un tema del futuro para convertirse en una tecnología que ya impacta decisiones cotidianas en nuestras ciudades. La pregunta ya no es si los gobiernos locales deben adoptar IA, sino cómo hacerlo sin sacrificar derechos, equidad ni soberanía pública.

Desde Civic Compass hemos investigado las percepciones sobre la gobernanza de la IA en América Latina. Uno de los hallazgos más relevantes es el consenso sobre la necesidad urgente de fortalecer las capacidades del Estado. Esta reflexión aplica con fuerza a los gobiernos locales, donde la escasez de recursos y conocimiento técnico puede derivar en una dependencia peligrosa de proveedores externos y soluciones “llave en mano”.

El entusiasmo por la innovación no puede hacernos perder de vista los riesgos. Hemos detectado en varios municipios una tendencia a delegar procesos sensibles —como la identificación de beneficiarios de programas sociales o la vigilancia del espacio público— en sistemas opacos cuya lógica no siempre es entendida por quienes los implementan. La promesa de eficiencia no puede reemplazar el deber de rendición de cuentas.

Sin embargo, también hay oportunidades concretas. Identificamos experiencias donde los gobiernos locales han logrado usar IA para optimizar el transporte público, reconocer baches automáticamente, mejorar la detección de enfermedades o prevenir cortes de servicios en zonas vulnerables. Estos casos tienen algo en común: parten de una agenda pública clara, con datos abiertos y control humano.

Pero antes de pensar en una gobernanza democrática, Argentina enfrenta un paso previo ineludible: la actualización normativa. La ley de protección de datos personales actual —vigente desde el año 2000— no responde a los desafíos de los entornos digitales contemporáneos ni a los riesgos de la automatización algorítmica. Sin una legislación moderna, cualquier intento de innovación pública será frágil.

Necesitamos avanzar hacia áreas de implementación locales donde los equipos entiendan estos problemas, establezcan protocolos éticos y promuevan alianzas con universidades. Argentina tiene una oportunidad única: diseñar un modelo propio de gobernanza de IA en ciudades, adaptado a sus desafíos pero con estándares de derechos humanos

No necesitamos importar marcos europeos ni soluciones de Silicon Valley. Necesitamos construir nuestras propias respuestas con creatividad, evidencia y participación. La Coalición de Ciudades por la Inteligencia Artificial puede ser un espacio clave para consolidar estas prácticas, compartir aprendizajes entre municipios y exigir al nivel nacional los recursos normativos y financieros necesarios para sostener este proceso. La inteligencia artificial ya está entre nosotros; ahora el desafío es que también sea democrática.

Imagen ilustrativa generada con Nano Banana.

(*) Sobre los autores

Guadalupe Dorna es directora de la Maestría en Políticas Públicas y profesora en la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Graduada de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard con una Maestría en Administración Pública y Desarrollo Internacional, se especializa en el diseño y evaluación de políticas basadas en evidencia. En la UTDT, coordina el Programa de Evaluación de Impacto del Centro para la Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE) e integra el Centro de Investigación de Política Urbana y Vivienda (CIPUV). Cuenta con amplia experiencia en la gestión pública nacional y de la Ciudad de Buenos Aires. Desde 2026, se desempeña como líder de Agentes IA en la Red de Innovación Local (RIL), donde impulsa la adopción de asistentes autónomos para transformar la agilidad y capacidad de respuesta de los gobiernos municipales en América Latina. 

Laura Alonso Alemany es doctora en Lingüística Computacional por la Universidad de Barcelona y profesora en Ciencias de la Computación en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación de la Universidad Nacional de Córdoba. Es especialista en Procesamiento del Lenguaje y Ética de la Inteligencia Artificial. Tiene numerosos antecedentes en proyectos de investigación nacionales, regionales e internacionales, y ha participado como consultora en numerosos proyectos de transferencia al sector socio-productivo. Es miembro del board de la Liga del Bien para la Inteligencia Artificial y colaboradora habitual de diferentes entidades de la sociedad civil y del sector educativo. Le interesa tratar de comprender las diferentes repercusiones de los distintos errores de los sistemas de Inteligencia Artificial.

Gastón Wright es el director de Civic Compass en Civic House. Con una trayectoria diversa, trabajó en Meta como Gerente de Políticas Públicas, fundó Change.org en el Cono Sur y se desempeño como director global de Ashoka en Estados Unidos y Canadá. También, trabajó como Consultor del BID en temas de transformación digital. Gastón es politólogo, tiene un Master en Ciencia Política en la Universidad de Toronto y estudios de postgrado en Regulación de Internet y Protección de Datos por la London School of Economics. Es profesor en la Universidad de Buenos Aires de Política Subanacional y de Regulación de Internet y Politicas Públicas Digitales en la Universidad Torcuato Di Tella.

Este contenido es una síntesis de artículos publicados originalmente por la Coalición de Ciudades por la Inteligencia Artificial (CIIAR) y se reproduce en +COMUNIDAD para difundir el debate sobre la modernización pública local.