CIUDADES QUE CUIDAN
Cuando el tiempo es cerebro: el rol de las ciudades frente al ACV

Cada año el Accidente Cerebrovascular (ACV) deja a miles de personas con discapacidad o provoca la muerte. Aunque existen tratamientos capaces de cambiar ese desenlace, su acceso depende de que la respuesta sea rápida y oportuna. Ahí es donde la integración de las ciudades con la respuesta del sistema de salud puede marcar la diferencia.

Por Federico Giner y Cora Pfister,
Programa Ciudades que Cuidan
RIL Argentina (*)

Una persona pierde fuerza en un brazo mientras desayuna. Duda. Espera. Consulta a un familiar. Recién entonces alguien llama a emergencias. Ese intervalo, que parece mínimo, puede definir si esa persona vuelve a caminar o no. En el ACV, el tiempo no es un detalle: es el factor que más impacta en el pronóstico. Y aunque solemos pensar que la respuesta depende solo de hospitales y especialistas, hay un actor clave que empieza a ganar protagonismo: la ciudad.

Hablar de la “cadena de supervivencia” del ACV es hablar de una secuencia de decisiones y acciones que comienzan mucho antes de la llegada al hospital. Reconocer los síntomas, activar el sistema de emergencias, llegar rápido al lugar adecuado, acceder a diagnóstico y tratamiento en tiempo y forma. Cada eslabón cuenta. Y en varios de ellos, los gobiernos locales tienen margen real de acción.

Señales de alerta. Imagen: Google.

La ciudad como primer eslabón ante el ACV

El primer desafío es cultural. Muchas personas no reconocen los síntomas de un ACV o no saben cómo actuar, y eso retrasa decisiones críticas. Pero las ciudades no solo pueden informar: pueden asumir un rol activo en preparar a su comunidad. 

¿Cómo? A través de campañas simples y sostenidas —con mensajes claros como cara caída, debilidad en un brazo o dificultad para hablar— y capacitando a su propio personal, desde el intendente hasta Cultura, Deportes o Seguridad pueden formar una red de primeros respondientes capaces de detectar síntomas y activar la emergencia. Integrar esta lógica en la vida cotidiana de la ciudad acorta los tiempos de respuesta. Es una estrategia de bajo costo, con alto impacto en lo que más importa: el tiempo.

Evento Baila por la Vida en Panamá. Imagen: MiRed.

Integrarse a la red para no perder tiempo

En el ACV, la diferencia no la hace solamente la velocidad, sino tomar la decisión correcta desde el inicio. Actuar rápido importa, pero hacerlo dentro de un circuito claro es lo que realmente cambia los resultados.

La mayoría de los municipios no gestiona ni coordina las redes de ACV. Pero todos pueden —y deberían— conocerlas. Identificar qué centros tienen capacidad de respuesta, cómo se activa la emergencia en su territorio y cuáles son los circuitos definidos a nivel local o provincial permite que el municipio encuentre su lugar en la cadena de atención.

Ese rol comienza en el territorio. Personal municipal —desde preventores hasta equipos comunitarios— puede ser quien primero detecte un posible ACV. Pero esa detección agrega valor únicamente si está acompañada de protocolos simples y alineados con la red existente: a quién llamar, cómo comunicar la situación y cómo acelerar el acceso al sistema de salud.

Cuando el municipio conoce la red y actúa en sintonía con ella, deja de ser un actor pasivo y se convierte en un eslabón fundamental, y en el ACV, eso es decisivo.

Campaña de prevención del accidente cerebro vascular. Imagen: Alcaldía de Medellín.

¿Qué pueden hacer hoy las ciudades frente al ACV?

Sin esperar grandes reformas, hay acciones concretas que cualquier municipio puede impulsar:

  • Instalar campañas de reconocimiento de síntomas y activación precoz.
  • Capacitar a personal municipal como primeros respondientes.
  • Mapear la red de atención y conocer sus circuitos.
  • Definir protocolos locales alineados con el sistema de emergencias.
  • Generar y usar datos para la mejora continua.

Ciudades que Cuidan

En RIL creemos firmemente que los gobiernos locales son actores clave para salvar vidas. Por eso, en abril de 2026 lanzamos ‘Ciudades que Cuidan’, un programa que busca potenciar la capacidad de los municipios en la gestión de la salud pública, con un enfoque prioritario en la prevención y atención de Accidentes Cerebrovasculares (ACV). 

Presentado en abril de 2026 en Salta, este programa acompaña a los equipos municipales para que puedan detectar, responder y coordinar eficazmente ante emergencias sanitarias. Procura integrar tecnología, inteligencia artificial y herramientas de gestión colaborativa para una atención más rápida, eficiente y equitativa.

‘Ciudades que Cuidan’ propone un camino de 10 meses de trabajo que va desde el diagnóstico del sistema local de emergencias hasta la evaluación de los resultados y la sostenibilidad de las mejoras. A través de un enfoque que incluye acompañamiento uno a uno, trabajo en red con otras ciudades y formación con soporte en una academia virtual, buscamos co-diseñar estrategias y soluciones concretas, visibilizando aquellas experiencias exitosas para inspirar a toda la Red y fortalecer la coordinación sanitaria.

Esta primera edición del programa trabaja con ciudades de tres provincias del norte argentino. en concreto, con con equipos de Salta (Capital), Cafayate, Metán, Orán, Rosario de la Frontera, Tartagal (Salta); San Salvador de Jujuy, Humahuaca (Jujuy); y San Miguel de Tucumán, Yerba Buena (Tucumán).

La meta es clara: transformar los desafíos en acciones aplicables que mejoren la ruta crítica de atención en cada ciudad y, así, fortalecer los tiempos de respuesta y la atención a la comunidad.

Lanzamiento del programa Ciudades que Cuidan, Salta, abril de 2026. 

Mucho más que gestionar la emergencia 

“Ciudades que cuidan” propone algo más amplio que un programa: una forma de mirar los problemas públicos desde la proximidad. En el caso del ACV, esa mirada permite entender que cada minuto perdido antes del hospital también es responsabilidad del territorio.

El desafío no es solo sanitario. Es de gestión, de comunicación y de coordinación. Las ciudades no reemplazan a los sistemas de salud, pero pueden hacer que funcionen mejor. Y en el ACV, eso puede significar la diferencia entre la dependencia y la autonomía, entre la vida que sigue y la que cambia para siempre.

Porque cuando se trata de ACV, cuidar también es llegar a tiempo.

(*) Federico Giner es médico neurólogo, coordinador de la Red de ACV/TeleACV de Mendoza; coordinador Unidad de ACV del Hospital Lagomaggiore; docente en la Facultad de Ciencias Médicas UNCuyo. Se desempeña como facilitador técnico del programa Ciudades que Cuidan en RIL Argentina. Cora Pfister es la líder del programa. Es licenciada en Relaciones Internacionales y tiene una amplia trayectoria en la articulación de proyectos de alto impacto destinados al desarrollo y la gestión de gobiernos locales. 

Esta nota forma parte del Boletín Ideas & Inspiración de la Red de Innovación Local (RIL), donde cada semana se destacan casos innovadores de diferentes temáticas en ciudades de todo el mundo. ¿Te gustaría recibir soluciones locales como las de esta nota en tu correo? ¡Puedes suscribirte de forma gratuita!

Imagen de portada: ilustración de RIL y +COMUNIDAD.